sábado, 22 de mayo de 2010

La gestión del cambio

Cada día tengo más claro de que no va a ser la gestión del cambio la que marque la diferencia entre el éxito y el fracaso de las organizaciones en el futuro, va a ser la inteligencia política.

La gestión del cambio es la manera de dirigir un proceso en el que se prevee una cierta oposición interna de la organización, pero del que la dirección está convencida que hay que hacer, de ahí que se recurra a una cierta técnica a la hora de dirigir los nuevos procesos minimizando el efecto de las fuerzas internas que se oponen a él.

Estoy convencido de que se trata algo muy importante que hacer, algo con lo que hay que contar, y desde luego una competencia básica para los futuros ejecutivos. Pero eso no marca diferencias, porque gestionar un cambio no es dirigir con la finalidad de optimizar, y digo optimizar, el rendimiento de un colectivo creando sinergias internas y nuevas dimensiones externas en donde desarrollarse.

La inteligencia política es una forma más holística y completa de comprender toda la problemática de una organización, en donde la gestión del cambio es sólo un proyecto más hacer entre otros muchos.

Además, la inteligencia política tiene una preocupación mucho más multidimensional de que la que le puede aportar cualquier proyecto, ya que tiene que pensar en todo y por todos. Es una inteligencia que tiene que surgir de forma colectiva del mismo seno organizativo, emanando con unos nuevos conceptos y unas nuevas fuerzas y energías en donde se tiene que manifestar una serie de liderazgos, personalidades e identidades colectivas que van mucho más allá que una mera gestión de un cambio.

Y es que no sólo tiene que saber porqué cambiar, dónde, cómo, cuánto, cuándo, etc. sino que tiene que saber qué tipo de escenarios futuros se van a abrir y cerrar con ese cambio. Es decir, tiene que realizar una labor de prospectiva y ser consciente de las fuerzas que han rodeado, rodean y rodearán a ese cambio para ver qué tipo de utilidad pueden tener a la hora de optimizar el rendimiento de la organización.

La gestión del cambio muchas veces cierra en falso crisis que luego terminan abriéndose de una manera aún más grave, porque la presión que muchas veces existe para cerrar en falsos ciertos proyectos es tal, que no se tienen en cuenta los efectos secundarios que puede producir ese hecho.

Y creo que ahí está la clave, en la consciencia y la previsión de dichos efectos secundarios, porque eso si que requiere de una mentalidad holísitica y que vaya más allá de lo inmediato, en saber que esos efectos secundarios pueden crear limitaciones y compromisos no deseados el día del mañana.

Todo cuanto he leído hasta ahora no me ha convencido de que la gestión del cambio genere grandes diferencias a la hora de competir entre una empresa y otra. Es un "commoditty" dentro de la gestión, algo que es necesario saber hacer pero que no termina estableciendo grandes distancias.

Las grandes diferencias las marcará una inteligencia política que ejecute una estrategia socialmente responsable, una estrategia que sepa descubrir valores en todos los proyectos y que sepa desarrollarse en esos mismos valores. Cada día estoy más convencido.

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