miércoles, 5 de mayo de 2010

El dilema del prisionero

Se trata de una conocida paradoja que frecuentemente se da en muchas organizaciones. Dos empleados que aspiran a un mismo puesto superior. ¿Compartirían el uno con el otro el conocimiento que tienen, siendo eso bueno para la organización, y sabiendo que favorecen las opciones de un rival?. La paradoja consiste en que no lo hacen, sabiendo que es dañino para la organización, pero sin que ninguno de los dos se sienta culpable por ello.

Este hecho ilustra precisamente como la inteligencia política tiene que diseñar una organización, lo suficientemente flexible, como para que el conocimiento fluya a través de ella y cree sinergias en cada punto de asimilación y renovación que tenga.

La gestión del conocimiento es una de las fuentes más seguras de ventajas competitivas de cara a un futuro cada día más cercano. Y por lo tanto, la inteligencia política tiene que desarrollarla de forma que el diseño de la organización sea el que más apoye a la estrategia a desarrollar y viceversa.

Frecuentemente se dan en muchas organizaciones también, personas que realizan tareas más allá de su trabajo siendo consciente de que nadie en la organización se lo va a agradecer. Es otro ejemplo claro del dilema del prisionero. Esas personas son conscientes de que están en el mismo "barco" que muchos de sus ingratos compañeros y jefes, y que no lo hacen por ellos, si no porque la organización y por lo tanto, su puesto de trabajo, siga existiendo.

Esta segunda concepción del dilema del prisionero es una estrategia que suelen utilizar muchos jefes y directores con sus subordinados, como forma de sobre-explotación. Y a veces se ponen eso como un ejemplo de liderazgo, cuando no lo es. Sencillamente es un ejemplo de la ineptitud del mando.

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