sábado, 5 de marzo de 2011

Simulación de modelo de Sistema de Gobierno

El archivo está en este enlace

https://docs.google.com/leaf?id=0B81FXWrShGjkZGQ1NGIwYTMtOTBmZC00NWE2LThiNDktNzEwZWNkNTEwYjUy&hl=es&authkey=CIirq8sG

jueves, 24 de junio de 2010

Sobre Fundaciones y Responsabilidad Social

Hay un serio debate sobre el papel que deben hacer la fundaciones de las empresas en la Responsabilidad Social de las mismas y en el, puede haber opiniones para todos los gustos.

Una de ellas exponen que dado que la RSE debe ser considerada una actividad estratégica de la empresa, dicha actividad no puede ser externalizada a una organización externa a ella, como puede ser una Fundación que la misma empresa ha creado. (Aunque es muy difícil argumentar que la Fundación de la empresa XYZ, sea externa a ella, cuando es la misma empresa la que la financia y, sobre todo, la que la cede el uso de su marca)

Otra de ellas, se puede encontrar en Wikipedia  en el capítulo titulado "De la filantropía desinteresada a la filantropía corporativa estratégica" (http://es.wikipedia.org/wiki/Responsabilidad_social_corporativa ), en donde se expone que la integración de la RSE en la estrategia de la empresa se potencia de esta forma y que así las empresas "ayudan ayudándose".

Desde mi punto de vista, debe de primar el objetivo de maximizar la acción social y medioambiental y, sinceramente creo que, dentro de este debate, se va a imponer a la larga la segunda opción, no porque sea la mayormente elegida por las empresas, si no porque es la que de verdad va a conseguir que las empresas modifiquen sus estrategias para hacerlas más socialmente responsables. Opción con la que toda la sociedad gana.

Esto no quita desde luego, que las fundaciones deban ser entidades sin ánimo de lucro, como en teoría también lo debería ser la RSE, pero el hecho de no tener ánimo de lucro, no significa que no tenga ánimo de creación de valor para algunos "stakeholders" y que dicha creación de valor, tenga como consecuencia un hallazgo de ventajas competitivas para las empresas.

La diferencia entre "ánimo de lucro" y "ánimo de creación de valor", a mi juicio, está en la inmediatez en la obtención de los beneficios; teniendo un especial cuidado de que si a la acción responsable se la despoja del concepto de "ánimo de creación de valor", estamos poniendo en tela uno de los cimientos que más ayuda tanto a la innovación, como al afán de las empresas por vencer sus dificultades y aumentar su competitividad.

Personalmente creo, que nadie puede ser tan purista como para creerse más grande que la vida y que las Fundaciones deben aportar un beneficio tanto a las empresas que las financian como a la sociedad en general, eso si, en una dimensión distinta que no se puede ser explotada por los cauces habituales de las organizaciones comerciales.

Tienen un rol importante, pero un rol que no puede ser minimizado o trivializado en una simple abnegada acción social, en una época como ésta en donde todos los conceptos están sufriendo fuertes revisiones, fundamentalmente porque fueron creados para poner orden en un mundo que lentamente está dejando de existir.

miércoles, 23 de junio de 2010

El patrimonio político

La pregunta exacta que habría que empezar a hacerse aquí es cuál es exactamente el verdadero pasado de la organización y qué ha acumulado. No porque sea interesante conocer cuáles han sido los hechos que han configurado a la empresa hasta la actualidad, que lo es, si no por determinar, cuál ha sido la cultura, cuál la experiencia y cuál la sabiduría que ha conducido a la organización a llegar a ser lo que hoy es.

En el centro de todo este debate subyace el tema de las grandes tendencias o las grandes líneas internas de dirección y gestión, que no tienen porqué ser necesariamente estratégicas, para conocer tantos las debilidades como las fortalezas que han podido darse en el pasado.

Un análisis o un reconocimiento del patrimonio político siempre tiene que sacar a la luz, el porqué de ciertas decisiones y de ciertos giros, así como las amenazas que puede haber a la hora de adaptarse cada vez más a los nuevos tiempos. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, creemos que se hace con bastante más frecuencia de lo que se dice.

Dada la naturaleza política de las organizaciones y dado que el poder es siempre excaso, y siempre hay errores a la hora de repartirlo, es muy frecuente el realizar especulaciones sobre si este determinado ascenso tendrá lugar, o sobre si este movimiento será el idóneo, y también sobre si las personas o los equipos están suficientemente preparados para asumir un cierto mando o poder.

A estas especulaciones se les puede llamar como se quiera, pero no hay nadie ajeno a ellas, nadie que no analice cómo es la naturaleza del poder en su organización y las consecuencias buenas o malas que puede haber por ello. Forma parte de la cultura de la organización, incluso de la vitalidad de la misma, ya que prácticamente se puede decir, que esas "habladurías" de pasillo, ayudan a formar más la mentalidad y la cultura de la empresa de lo que pudiera pensarse.

Esto es debido a que una organización es también un conjunto de relaciones internas y como tal, ayuda a formar un espíritu más crítico y analítico con el poder, porque con esos análisis no escritos, y que muchas veces los propios autores negarán haber dicho, crean una mentalidad y una forma de ser que se fusiona con la propia cultura oficial, bastante más de lo que pudiera pensarse.

Pues bien, el patrimonio político es lo que tenemos como la sabiduría del poder a la hora de realizarse esa fusión entre lo oficial y lo oficioso, entre lo hablado y lo escrito, entre lo cercano en el tiempo y el lugar, y lo lejano. Es lo que acumula entre lo que se aprende y se olvida de los aciertos y los errores.

Incluso me atrevería a afirmar algo más: es lo que se escapa entre las rendijas del organigrama oficial, porque es la quintaesencia de la identidad colectiva.

domingo, 20 de junio de 2010

La gestión de las crisis

Muchas de las veces que se menciona la inteligencia política, se hace desde la perspectiva que ha servido para resolver un problema o un conflicto. Es en esos casos, en los que se afirma si se ha actuado de forma inteligente o no, cuando los intereses de todas las partes se han resuelto y no se ha cerrado en falso el conflicto que ha tenido lugar.

Esto es cierto. Una de las funciones básicas que debe ejercer el poder es saber gestionar las crisis y los conflictos, desarrollando las competencias necesarias para su resolución. Actuar, por ejemplo, con prudencia, valentía, honradez, diálogo, etc. cuando la situación así lo requiera y saber cuando mostrarse estratégico, sin perder nunca el sentido global de todas las variables del problema junto con lo que significa para todos los actores que intervienen.

Practicamente, podríamos afirmar que es algo que más que enseñarse en las escuelas de negocios y de liderazgo, se aprende en la "universidad de la vida", queriendo decir con ello, que es una aplicación del sentido común y de la lógica.

Ahora bien, esto es la teoría. Porque... ¿Es en el fondo la situación tan transparente, fácil y trivial?.  Evidentemente no. Yo no creo que haya nadie experto en la gestión y resolución de las crisis, porque todas ellas, son frutos de carencias y defectos de relaciones, de esquemas, de estrategias, que se manifiestan en una serie de síntomas que, hasta llegado un momento, nadie afronta de manera correcta.

Para entender esto tendríamos que empezar dándonos cuenta que la mayor parte de las ocasiones, las crisis no son el problema principal, el problema principal es el modo de abordarlas y entenderlas. Las limitaciones no vienen dadas por la complejidad de los problemas, si no por la falta de alternativas que estamos dispuestas a admitir, que es lo que obliga a cerrar en falso la mayor parte de las veces este tipo de situaciones.

Una capacidad para entender y ver posibles que más alternativas son posibles, es lo que tiene que plantearse, contemplando de qué manera la situación del pasado ha desembocado por pura "evolución natural" en una crisis. Las alternativas son para saber afrontar los cambios, para saber de forma colectiva, adoptar nuevos rumbos y nuevas formas de desarrollo y crecimiento.

Las alternativas tienen que servir a los colectivos a entender y comprender conceptos nuevos del futuro, como nuevas posibilidades de soluciones a los retos.

La inteligencia política no es tanto el saber jugar con los agentes que actúan en una crisis para obtener una solución "win-win", es la capacidad para saber buscar alternativas que desarrollen a todos los colectivos que hay detrás de esos agentes; porque es eso precisamente lo que es una crisis, una situación de incapacidad de desarrollarse y crecer.

El ver la inteligencia política como un juego es un error muy común, yo recomendaría verla con una mentalidad de visionario-emprendedor, con un gran espíritu práctico, pleno de sentido común y con una gran fe e ilusión puestas en el futuro.

martes, 15 de junio de 2010

La perfección imposible.

Todas las organizaciones que conozco personalmente no son perfectas, aunque todas son perfectamente dignas y respetables, pero no son perfectas si entendemos por perfección el hecho de no tener ningún fallo desde un punto de vista estratégico, y el hecho también de definir su estructura para maximizar las posibilidades de éxito de esa estrategia.

La perfección a la que me refierto, no pertenece al terreno de la utopía, de lo ideal, si no que está mucho más relacionada con el término "coherencia", con la lógica y con la razón, con la manera de analizar los problemas desde un punto de vista científico y de aplicar las soluciones maximizando las posibilidades de éxito. Por eso dudo que exista en el mundo alguna organización perfecta, porque todas tienen dentro de si componentes humanos y emocionales, que las llevan a cometer errores.

Y cuando hablo de organizaciones, no me refiero sólo a empresas, también me refiero a cualquier estructura general cuyos miembros tengan unos objetivos comunes. Por eso digo que, desde un punto de vista global, es muy difícil que en los colectivos haya una lógica y una coherencia que muchas veces no existe en los seres humanos individuales. Los colectivos son más complicados de gestionar que las propias personas individuales, de ahí que resulta curioso, como ya comentaba en otro post, que no exista una tradicción cultural arraigada, que se haya dedicado a profundizar en los estudios y en la ciencia de dirigir políticamente las organizaciones.

Es la forma de ser que tenemos todos los seres humanos. Aquello con lo que no sabemos enfrentarnos para enseñarselo a las nuevas generaciones, es necesario que éstas empiecen a adquirir sus conocimientos partiendo de cero. Y la inteligencia política cumple con todas estas características que estoy exponiendo.

De un modo o de otro, sus consecuencias prácticas aplicadas infunden miedo en las bases de las organizaciones en donde tiene que aplicarse. De ahí que se huya de ellas y que terminen ignorándose, procurando que el poder cambie lo menos posible, mientras procuramos también jugar al juego cuyas reglas inconscientemente fingimos conocer.

Es la manera en la que la inercia de los acontecimientos termina imponiéndose a la lógica de la razón y de las voluntades, mientras se redefine el término de "inteligencia política" como aquello que necesita saber el Director General para llevar a buen puerto a la empresa. Definición que ya hemos demostrado que no es correcta y que no es más que otra redefinición de la vieja esencia de muchos ejecutivos de "el jefe ante todo, con razón o sin ella".

La perfección de un colectivo siempre es un imposible, porque sólo puede ser perfecto aquello que es simple. Lo complejo, lo que es rico en matices, lo que tiene múltiples dimensiones y grados de libertad, nunca puede ser perfecto, lo que no quita que tenemos que procurar que su actuación esté lo más optimizada posible.

Que la inteligencia política, lo reconozca, es la humildad que tiene que tener para empezar a ser lógica y práctica. Los eslóganes y los triunfalismos que venden actuaciones perfectas, son sólo ruídos con los que se intentan correr curiosas cortinas de humo, más que nada, y no está de mal recordarlo, porque ninguna actuación se audita completamente.

La condición humana

De las lecturas de cualquier libro de psicología se puede llegar a la conclusión que los seres humanos somos complejos, que no actuamos conforme a una coherencia ni a una lógica y que somos una fuente constante de contradicciones.

Si ya esa complejidad se da a nivel individual, imaginemos lo que puede ser cuando estamos en un grupo organizado, como puede ser una empresa, en donde cada uno no ya actúa conforme a sus caprichos, sino conforme a unos intereses que, cada cual en su medida, comprende parcialmente. Por eso, no es extraño que haya quien afirme que, a nivel del psico-análisis, los mismos problemas individuales, se manifiestan también a nivel colectivo en el seno de muchas organizaciones.

Ejemplos puede haber muchos, pero de una forma o de otra, si queremos ser prácticos, lo que tenemos que estar seguros es que no hay nadie, pero nadie, que sea indiferente a su relación con las organizaciones, puesto que la mayor parte de la satisfación de nuestras necesidades, ambiciones, relaciones, etc. es posible gracias a su existencia.

La sociedad y el progreso, sólo es posible gracias a la existencia de una estructura sobre la que se tejen una serie de relaciones. Podrá tener estrategia o no, pero siempre tendrá que tener estructura, y casi siempre, la relación que cada persona tenga con esa estructura terminará por afectar a la imagen que ese persona tenga de si misma.

Expongo todo esto, porque quiero hacer ver que de la misma condición humana, se desprende un carácter político, no en la medida que tenga una ideología de cualquier clase, si no en la medida que le afecta a las relaciones que tiene con todas las estructuras organizativas de la que forma parte: familia, empresa, asociaciones, grupos de amigos, vecinos, etc.

Y frente a este hecho, resulta curioso, como siendo el hombre de una naturaleza tan social y tan política, existan poquísmos estudios científicos que se dediquen a analizar los errores y los fallos que se comenten a la hora de organizarse en grupos, qué defectos son los más comunes, qué actitudes mayoritarias han tenido grandes fracasos en un medio plazo, etc.

¿Por qué se desprende, de la misma condición humana, un miedo a poder elaborar un estudio científico y un análisis del poder, para poder examinar si es conveniente el modo de ejercerlo, de aplicarlo, de ejecutarlo, de compartirlo, etc.?. ¿Cómo puede ser que una de las mayores obsesiones de muchas personas, léase ascender, triunfar, ser más, etc., no se puede aprender, ni estudiar, ni examinar desde un punto de vista desapasionado y frío, con el fin de poder elaborar un conocimiento que ayude a otras personas, enseñándoles cómo poder hacerlo mejor?.

La naturaleza humana es así de contradictoria. Tiene verdadero miedo de si misma. Es incoherente con sus propios objetivos y realidades, y pretende reducir la razón y el análisis a un plano meramente emocional, en donde sólo cuentan momentos pasajeros de felicidad.

Quizá haya que empezar a comprender las propias limitaciones de nuestra humana condición, para poder empezar a mejorar y a superar, todo cuanto nos impide llegar más allá de nosotros mismos. Es necesario aportar un nuevo conjunto de ideas y de opiniones, que nos hagan preguntarnos hasta qué punto nos vemos sometidos por esa ignorancia y esa incapacidad de analizar y de medir las actuaciones de las empresas y de las organizaciones.

Y por mucho que nos sorprenda, eso no se puede resolver ni con dinero, ni con innovación, ni con tecnología. Existen otro tripo de barreras más intangibles, que hay que derribar.

La inteligencia política tiene que surgir como lo que tiene que ser en su origen: una nueva forma de pensar diferente.

domingo, 13 de junio de 2010

Los ratios financieros

Una de las cosas más curiosas de la dirección de empresas es la costumbre de querer justificar su labor basándose por los valores de unos ciertos ratios financieros, y digo unos, porque siempre que se realizan presentaciones, no siempre resultan ser los mismos y se escogen aquellos que más interesa mostrar, particularmente cuando se presentan resultados de cara a los accionistas.

Parece como si la labor de gestión se tuviera que medir sólo con el valor de esos ratios y como si el trinufalismo que suele adornar esos discursos, se apoyara en ellos para resultar más creíble y más científico.

Al oírlos, parece también como si se olvidara que una empresa es un sistema en donde, sólo tiene sentido reducir la gestión a unos ratios, cuando esos ratios son los Factores Claves necesarios para conseguir el éxito, cosa que no siempre sucede.

Basta empezar a estudiar un poco Análisis Económico Financiero, para darse cuenta de las limitaciones que tiene el estudio de ratios y lo poco aconsejables que son desde el punto de vista estrictamente profesional. Los ratios reflejan fotos fijas, no procesos. Tienen que estar apoyados por una exhaustiva auditoría. Hay que estudiarlos dentro del sector, de la geografía, incluso a lo largo de un periodo de tiempo. Y sobre todo, hay que estudiarlos en relación a otros ratios.

Poco de esto se recuerda cuando se hacen las presentaciones. Una visión completa de la organización requiere estudiar stocks y flujos en muchas variables, exactamente igual que se estudian estados y procesos, y se comprenden tanto la situación estática de la organización, como la dinámica.

Sin esto, y hablo sólo desde la perspectiva económico-financiera, dudo mucho que se puedan sacar conclusiones mediante útiles, que se puedan aplicar con unas mínimas garantías de éxitos.

Se utilizan entonces en las presentaciones porque forman parte de un guión escrito que un auditorio hambriento de "seguridades" quiere escuchar. Es el análisis de los que ni saben ni quieren analizar nada, porque lo único que quieren concluir es que la idea "prefijada de antemano" es la idea verdadera.

Los ratios no diagnostican y mucho menos si sólo se les utiliza de esa manera. ¿De qué sirven entonces presentarlos como grandes logros?... O peor aún... ¿De qué sirve dirigir y establecer toda una serie de políticas con el único y exclusivo fin de poder presentar unos ratios como grandes logros?.

Sólo para el poder, por el poder.... pero sin la razón.