miércoles, 23 de junio de 2010

El patrimonio político

La pregunta exacta que habría que empezar a hacerse aquí es cuál es exactamente el verdadero pasado de la organización y qué ha acumulado. No porque sea interesante conocer cuáles han sido los hechos que han configurado a la empresa hasta la actualidad, que lo es, si no por determinar, cuál ha sido la cultura, cuál la experiencia y cuál la sabiduría que ha conducido a la organización a llegar a ser lo que hoy es.

En el centro de todo este debate subyace el tema de las grandes tendencias o las grandes líneas internas de dirección y gestión, que no tienen porqué ser necesariamente estratégicas, para conocer tantos las debilidades como las fortalezas que han podido darse en el pasado.

Un análisis o un reconocimiento del patrimonio político siempre tiene que sacar a la luz, el porqué de ciertas decisiones y de ciertos giros, así como las amenazas que puede haber a la hora de adaptarse cada vez más a los nuevos tiempos. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, creemos que se hace con bastante más frecuencia de lo que se dice.

Dada la naturaleza política de las organizaciones y dado que el poder es siempre excaso, y siempre hay errores a la hora de repartirlo, es muy frecuente el realizar especulaciones sobre si este determinado ascenso tendrá lugar, o sobre si este movimiento será el idóneo, y también sobre si las personas o los equipos están suficientemente preparados para asumir un cierto mando o poder.

A estas especulaciones se les puede llamar como se quiera, pero no hay nadie ajeno a ellas, nadie que no analice cómo es la naturaleza del poder en su organización y las consecuencias buenas o malas que puede haber por ello. Forma parte de la cultura de la organización, incluso de la vitalidad de la misma, ya que prácticamente se puede decir, que esas "habladurías" de pasillo, ayudan a formar más la mentalidad y la cultura de la empresa de lo que pudiera pensarse.

Esto es debido a que una organización es también un conjunto de relaciones internas y como tal, ayuda a formar un espíritu más crítico y analítico con el poder, porque con esos análisis no escritos, y que muchas veces los propios autores negarán haber dicho, crean una mentalidad y una forma de ser que se fusiona con la propia cultura oficial, bastante más de lo que pudiera pensarse.

Pues bien, el patrimonio político es lo que tenemos como la sabiduría del poder a la hora de realizarse esa fusión entre lo oficial y lo oficioso, entre lo hablado y lo escrito, entre lo cercano en el tiempo y el lugar, y lo lejano. Es lo que acumula entre lo que se aprende y se olvida de los aciertos y los errores.

Incluso me atrevería a afirmar algo más: es lo que se escapa entre las rendijas del organigrama oficial, porque es la quintaesencia de la identidad colectiva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario