martes, 8 de junio de 2010

La singularidad

Se trata de un viejo concepto que ha sido acuñado por el prospectivista Ray Kurzweil para indicar, que se alcanzará un punto tal en la evolución tecnológica que, dado su carácter tan avanzado, el ser humano estará ya tan absolutamente cambiado, que será enteramente diferente al que conocemos hoy. O sea, será un punto de no retorno para el hombre tal y como hoy lo conocemos, porque alcanzará un estado tan distinto del de ahora, que se podrá denominar como hombre post-humano.

Para ello, se requiere de algunos hechos tales como que se haga una ingeniera inversa del cerebro y se lleguen a construir ordenadores que aprendan por si mismos y lleguen a ser más inteligentes que nosotros, que se pueda manipular mediante técnicas de ingeniería todo tipo de materia: la orgánica y la inorgánica, (conseguir cambiar el ADN y curar enfermedades como la vejez gracias a ello, diseñar todo tipo de materiales que no ha dado la naturaleza), superando así las limitaciones de la biología y de la geología.

Pero básicamente, la singularidad se alcanzará cuando se puedan diseñar conocimientos automáticos tan sumamente elevados que el ser humano en si mismo, sea incapaz de comprenderlos. Es decir, cuando se pueda desarrollar de manera industrial, una ciencia y una tecnología de la inteligencia, que haga que el conocimiento que la humanidad pueda tener crezca exponencialmente año tras año.

Aquí podéis ver una ampliación de todo esto que os estoy exponiendo en una entrevista con Kurweil, para que vosotros mismos saquéis vuestras propias conclusiones.

Nuestra opinión personal es que se trata de un futuro tremendamente posible, a pesar de que pueda tardar en llegar, un futuro en el que partiendo de que ya hoy en día, la Inteligencia Artificial aumenta sus capacidades año tras año, mientras que la Inteligencia Biológica permanece casi fija, tiene que tener en cuenta todas las interacciones que pueden ocurrir con cada nuevo avance que se haga.

La innovación y el cambio social no se producen sólo por la fuerza de los laboratorios, si no que es el producto de un conjunto de factores muy complejos que interactúan entre si y que dan como resultado una sociedad nueva, diferente de la anterior.

La base de un futuro, en donde se puedan producir soluciones inteligentes a nuestros problemas de manera no creativa e industrial, tiene que empezar a construirse ahora, en el momento presente, provocando precisamente esos cambios que se ven más necesarios y por los que, la sociedad más interconectada y culturalmente avanzada de la historia, va a luchar por construir.

A la ingeniería de la inteligencia, se le tiene que oponer una ingeniería de las relaciones, porque es precisamente el complemento que la falta. Una ingeniería de las relaciones que tiene que empezar por construir modelos de organizaciones que optimicen resultados y que no se pierdan en quiméricas obsesiones, fruto del interés de unos pocos, que creen verdaderas estrategias y que no se sirva de conceptos falsos, ni de extraños juegos para mantener el mando y el control.

Ésa es al menos nuestra opinión. Como también es nuestra opinión que dentro de esa ingeniería de las relaciones tendrá que estar la inteligencia política, como uno de los factores que más puede influir por construir un futuro, también tecnológicamente más avanzado, pero más a la medida de los intereses tanto de las individualidades como de los colectivos sociales, viendo de qué manera las nuevas reglas sociales tienen que establecerse, no por el interés de unos pocos, si no para poder alcanzar unas visiones y unos objetivos compartidos y deseados por las amplias mayorías.

El debate sobre el tipo de futuro que deseamos construir tiene que empezar cuanto antes, porque según sea la sociedad, así será la tecnología que se desarrolle en su seno, para lanzar productos y servicios competitivos.

De nuevo tenemos que ser conscientes, del poder y de la responsabilidad que tenemos a la hora de constuir el mundo del mañana. La singularidad podrá estar próxima o no, pero tendrá que ser, como nosotros mismos queramos que sea.

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