martes, 1 de junio de 2010

La simplificación de los controles

Una de las principales razones de porqué los controles financieros son los más universales, es por la facilidad que tienen para ser monitorizados por cualquier ejecutivo, sea de la inteligencia que sea.

Los controles financieros más habituales: ventas, costes y beneficios, son fáciles de entender, transparentes, claros, de universal definición y ponen en evidencia lo que al final se desea obtener: un crecimiento en los dividendos que se pagan a los accionistas. Prácticamente a cualquier persona a la que nombren Director General de una empresa, le entran rápidamente en la cabeza. Constituyen y, de hecho así le aconsejan, el no preocuparse por más problemas que los realmente importantes.

Forman el famoso eslogan americano "Show me the money" porque constituyen en si la verdadera realidad de lo que hay detrás de gobernar una empresa a base de eslóganes.

Ya hemos visto en otro post, lo que significa dirigir una empresa según ideologías y las consecuencia que tiene, sólo que esto realmente es aún más simple y trivial: es gestionar según lugares comunes,, frases con un significado rimbombante, en un palabra: es gestionar y dirigir a ritmo de tambor. Y de ahí que, de hecho, esté al alcance de cualquiera.

Ante esa forma de dirección que desde luego supone que, las ventajas competitivas son eternas y que los desarrollos estratégicos se consiguen reduciendo costes y presionando a las personas para que rindan más, se tiene que oponer, y de hecho se opone, la lógica y el raciocinio humano. Una lógica que debería empezar por los Consejos de Administración y los mismos accionistas quienes deberían ser conscientes de lo que realmente hacen algunos ejecutivos con sus inversiones: simplificar los mecanismos por los que las controlan, con una miopía muy cortoplacista, para colocarlos a "la altura de su inteligencia".

Unos verdaderos mecanismos de control que deberían investigar todas las causas y circunstancias que concurren sobre un determinando hecho, para poder tomar las medidas adecuadas que solucionen los problemas. De hecho, dirigir y gestionar, supone más corregir, dar el giro y rectificar, que insistir en una medida cuando ya se sabe que no es la solución de un problema. Y para eso, naturalmente que hace falta controlar, para saber dirigir con conocimiento de causa, pero controlar más allá de lo simple y de lo trivial.

Hace falta controlar de una manera multi-dimensional y holística, para saber en qué puntos, la organización no está rindiendo todo lo que se espera de ella y, por la razón que sea, hay que rectificar para mejorar.

Pero claro, eso exige conocimiento, preparación y trabajo, exige "ensuciarse las manos" con los problemas, exige conocer todos los efectos secundarios no deseados de las posibles medidas a tomar y, por supuesto, exige la valentía y el coraje necesario para hacerlas frente.

De ahí que, antes de complicarse la vida con problemas complejas, muchos ejecutivos opten por simplificar y por imponer y juzgar la labor de las personas y de los equipos de trabajo, en base a lo único que son capaces de entender y de afrontar.

No se dan cuenta, de que simplificar los controles, supone también simplificar todas las capacidades intelectuales de una empresa, y eso a la larga se paga.

Las ventajas competitivas no son eternas. De hecho los controles ayudan a desarrollar la fantasía, la innovación y la inteligencia de las personas y de los equipos de trabajo.

Aunque no hace falta mucha imaginación para darse cuenta que una inteligencia política realmente ágil, valiente y preparada es la mejor forma de prepararse para la lucha.

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