Hay un serio debate sobre el papel que deben hacer la fundaciones de las empresas en la Responsabilidad Social de las mismas y en el, puede haber opiniones para todos los gustos.
Una de ellas exponen que dado que la RSE debe ser considerada una actividad estratégica de la empresa, dicha actividad no puede ser externalizada a una organización externa a ella, como puede ser una Fundación que la misma empresa ha creado. (Aunque es muy difícil argumentar que la Fundación de la empresa XYZ, sea externa a ella, cuando es la misma empresa la que la financia y, sobre todo, la que la cede el uso de su marca)
Otra de ellas, se puede encontrar en Wikipedia en el capítulo titulado "De la filantropía desinteresada a la filantropía corporativa estratégica" (http://es.wikipedia.org/wiki/Responsabilidad_social_corporativa ), en donde se expone que la integración de la RSE en la estrategia de la empresa se potencia de esta forma y que así las empresas "ayudan ayudándose".
Desde mi punto de vista, debe de primar el objetivo de maximizar la acción social y medioambiental y, sinceramente creo que, dentro de este debate, se va a imponer a la larga la segunda opción, no porque sea la mayormente elegida por las empresas, si no porque es la que de verdad va a conseguir que las empresas modifiquen sus estrategias para hacerlas más socialmente responsables. Opción con la que toda la sociedad gana.
Esto no quita desde luego, que las fundaciones deban ser entidades sin ánimo de lucro, como en teoría también lo debería ser la RSE, pero el hecho de no tener ánimo de lucro, no significa que no tenga ánimo de creación de valor para algunos "stakeholders" y que dicha creación de valor, tenga como consecuencia un hallazgo de ventajas competitivas para las empresas.
La diferencia entre "ánimo de lucro" y "ánimo de creación de valor", a mi juicio, está en la inmediatez en la obtención de los beneficios; teniendo un especial cuidado de que si a la acción responsable se la despoja del concepto de "ánimo de creación de valor", estamos poniendo en tela uno de los cimientos que más ayuda tanto a la innovación, como al afán de las empresas por vencer sus dificultades y aumentar su competitividad.
Personalmente creo, que nadie puede ser tan purista como para creerse más grande que la vida y que las Fundaciones deben aportar un beneficio tanto a las empresas que las financian como a la sociedad en general, eso si, en una dimensión distinta que no se puede ser explotada por los cauces habituales de las organizaciones comerciales.
Tienen un rol importante, pero un rol que no puede ser minimizado o trivializado en una simple abnegada acción social, en una época como ésta en donde todos los conceptos están sufriendo fuertes revisiones, fundamentalmente porque fueron creados para poner orden en un mundo que lentamente está dejando de existir.
Blog sobre inteligencia política y estrategia, relacionado con la capacidad de dirigir organizaciones para que alcance TODOS sus objetivos y optimicen TODAS sus capacidades
jueves, 24 de junio de 2010
miércoles, 23 de junio de 2010
El patrimonio político
La pregunta exacta que habría que empezar a hacerse aquí es cuál es exactamente el verdadero pasado de la organización y qué ha acumulado. No porque sea interesante conocer cuáles han sido los hechos que han configurado a la empresa hasta la actualidad, que lo es, si no por determinar, cuál ha sido la cultura, cuál la experiencia y cuál la sabiduría que ha conducido a la organización a llegar a ser lo que hoy es.
En el centro de todo este debate subyace el tema de las grandes tendencias o las grandes líneas internas de dirección y gestión, que no tienen porqué ser necesariamente estratégicas, para conocer tantos las debilidades como las fortalezas que han podido darse en el pasado.
Un análisis o un reconocimiento del patrimonio político siempre tiene que sacar a la luz, el porqué de ciertas decisiones y de ciertos giros, así como las amenazas que puede haber a la hora de adaptarse cada vez más a los nuevos tiempos. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, creemos que se hace con bastante más frecuencia de lo que se dice.
Dada la naturaleza política de las organizaciones y dado que el poder es siempre excaso, y siempre hay errores a la hora de repartirlo, es muy frecuente el realizar especulaciones sobre si este determinado ascenso tendrá lugar, o sobre si este movimiento será el idóneo, y también sobre si las personas o los equipos están suficientemente preparados para asumir un cierto mando o poder.
A estas especulaciones se les puede llamar como se quiera, pero no hay nadie ajeno a ellas, nadie que no analice cómo es la naturaleza del poder en su organización y las consecuencias buenas o malas que puede haber por ello. Forma parte de la cultura de la organización, incluso de la vitalidad de la misma, ya que prácticamente se puede decir, que esas "habladurías" de pasillo, ayudan a formar más la mentalidad y la cultura de la empresa de lo que pudiera pensarse.
Esto es debido a que una organización es también un conjunto de relaciones internas y como tal, ayuda a formar un espíritu más crítico y analítico con el poder, porque con esos análisis no escritos, y que muchas veces los propios autores negarán haber dicho, crean una mentalidad y una forma de ser que se fusiona con la propia cultura oficial, bastante más de lo que pudiera pensarse.
Pues bien, el patrimonio político es lo que tenemos como la sabiduría del poder a la hora de realizarse esa fusión entre lo oficial y lo oficioso, entre lo hablado y lo escrito, entre lo cercano en el tiempo y el lugar, y lo lejano. Es lo que acumula entre lo que se aprende y se olvida de los aciertos y los errores.
Incluso me atrevería a afirmar algo más: es lo que se escapa entre las rendijas del organigrama oficial, porque es la quintaesencia de la identidad colectiva.
En el centro de todo este debate subyace el tema de las grandes tendencias o las grandes líneas internas de dirección y gestión, que no tienen porqué ser necesariamente estratégicas, para conocer tantos las debilidades como las fortalezas que han podido darse en el pasado.
Un análisis o un reconocimiento del patrimonio político siempre tiene que sacar a la luz, el porqué de ciertas decisiones y de ciertos giros, así como las amenazas que puede haber a la hora de adaptarse cada vez más a los nuevos tiempos. Y contrariamente a lo que pueda pensarse, creemos que se hace con bastante más frecuencia de lo que se dice.
Dada la naturaleza política de las organizaciones y dado que el poder es siempre excaso, y siempre hay errores a la hora de repartirlo, es muy frecuente el realizar especulaciones sobre si este determinado ascenso tendrá lugar, o sobre si este movimiento será el idóneo, y también sobre si las personas o los equipos están suficientemente preparados para asumir un cierto mando o poder.
A estas especulaciones se les puede llamar como se quiera, pero no hay nadie ajeno a ellas, nadie que no analice cómo es la naturaleza del poder en su organización y las consecuencias buenas o malas que puede haber por ello. Forma parte de la cultura de la organización, incluso de la vitalidad de la misma, ya que prácticamente se puede decir, que esas "habladurías" de pasillo, ayudan a formar más la mentalidad y la cultura de la empresa de lo que pudiera pensarse.
Esto es debido a que una organización es también un conjunto de relaciones internas y como tal, ayuda a formar un espíritu más crítico y analítico con el poder, porque con esos análisis no escritos, y que muchas veces los propios autores negarán haber dicho, crean una mentalidad y una forma de ser que se fusiona con la propia cultura oficial, bastante más de lo que pudiera pensarse.
Pues bien, el patrimonio político es lo que tenemos como la sabiduría del poder a la hora de realizarse esa fusión entre lo oficial y lo oficioso, entre lo hablado y lo escrito, entre lo cercano en el tiempo y el lugar, y lo lejano. Es lo que acumula entre lo que se aprende y se olvida de los aciertos y los errores.
Incluso me atrevería a afirmar algo más: es lo que se escapa entre las rendijas del organigrama oficial, porque es la quintaesencia de la identidad colectiva.
domingo, 20 de junio de 2010
La gestión de las crisis
Muchas de las veces que se menciona la inteligencia política, se hace desde la perspectiva que ha servido para resolver un problema o un conflicto. Es en esos casos, en los que se afirma si se ha actuado de forma inteligente o no, cuando los intereses de todas las partes se han resuelto y no se ha cerrado en falso el conflicto que ha tenido lugar.
Esto es cierto. Una de las funciones básicas que debe ejercer el poder es saber gestionar las crisis y los conflictos, desarrollando las competencias necesarias para su resolución. Actuar, por ejemplo, con prudencia, valentía, honradez, diálogo, etc. cuando la situación así lo requiera y saber cuando mostrarse estratégico, sin perder nunca el sentido global de todas las variables del problema junto con lo que significa para todos los actores que intervienen.
Practicamente, podríamos afirmar que es algo que más que enseñarse en las escuelas de negocios y de liderazgo, se aprende en la "universidad de la vida", queriendo decir con ello, que es una aplicación del sentido común y de la lógica.
Ahora bien, esto es la teoría. Porque... ¿Es en el fondo la situación tan transparente, fácil y trivial?. Evidentemente no. Yo no creo que haya nadie experto en la gestión y resolución de las crisis, porque todas ellas, son frutos de carencias y defectos de relaciones, de esquemas, de estrategias, que se manifiestan en una serie de síntomas que, hasta llegado un momento, nadie afronta de manera correcta.
Para entender esto tendríamos que empezar dándonos cuenta que la mayor parte de las ocasiones, las crisis no son el problema principal, el problema principal es el modo de abordarlas y entenderlas. Las limitaciones no vienen dadas por la complejidad de los problemas, si no por la falta de alternativas que estamos dispuestas a admitir, que es lo que obliga a cerrar en falso la mayor parte de las veces este tipo de situaciones.
Una capacidad para entender y ver posibles que más alternativas son posibles, es lo que tiene que plantearse, contemplando de qué manera la situación del pasado ha desembocado por pura "evolución natural" en una crisis. Las alternativas son para saber afrontar los cambios, para saber de forma colectiva, adoptar nuevos rumbos y nuevas formas de desarrollo y crecimiento.
Las alternativas tienen que servir a los colectivos a entender y comprender conceptos nuevos del futuro, como nuevas posibilidades de soluciones a los retos.
La inteligencia política no es tanto el saber jugar con los agentes que actúan en una crisis para obtener una solución "win-win", es la capacidad para saber buscar alternativas que desarrollen a todos los colectivos que hay detrás de esos agentes; porque es eso precisamente lo que es una crisis, una situación de incapacidad de desarrollarse y crecer.
El ver la inteligencia política como un juego es un error muy común, yo recomendaría verla con una mentalidad de visionario-emprendedor, con un gran espíritu práctico, pleno de sentido común y con una gran fe e ilusión puestas en el futuro.
Esto es cierto. Una de las funciones básicas que debe ejercer el poder es saber gestionar las crisis y los conflictos, desarrollando las competencias necesarias para su resolución. Actuar, por ejemplo, con prudencia, valentía, honradez, diálogo, etc. cuando la situación así lo requiera y saber cuando mostrarse estratégico, sin perder nunca el sentido global de todas las variables del problema junto con lo que significa para todos los actores que intervienen.
Practicamente, podríamos afirmar que es algo que más que enseñarse en las escuelas de negocios y de liderazgo, se aprende en la "universidad de la vida", queriendo decir con ello, que es una aplicación del sentido común y de la lógica.
Ahora bien, esto es la teoría. Porque... ¿Es en el fondo la situación tan transparente, fácil y trivial?. Evidentemente no. Yo no creo que haya nadie experto en la gestión y resolución de las crisis, porque todas ellas, son frutos de carencias y defectos de relaciones, de esquemas, de estrategias, que se manifiestan en una serie de síntomas que, hasta llegado un momento, nadie afronta de manera correcta.
Para entender esto tendríamos que empezar dándonos cuenta que la mayor parte de las ocasiones, las crisis no son el problema principal, el problema principal es el modo de abordarlas y entenderlas. Las limitaciones no vienen dadas por la complejidad de los problemas, si no por la falta de alternativas que estamos dispuestas a admitir, que es lo que obliga a cerrar en falso la mayor parte de las veces este tipo de situaciones.
Una capacidad para entender y ver posibles que más alternativas son posibles, es lo que tiene que plantearse, contemplando de qué manera la situación del pasado ha desembocado por pura "evolución natural" en una crisis. Las alternativas son para saber afrontar los cambios, para saber de forma colectiva, adoptar nuevos rumbos y nuevas formas de desarrollo y crecimiento.
Las alternativas tienen que servir a los colectivos a entender y comprender conceptos nuevos del futuro, como nuevas posibilidades de soluciones a los retos.
La inteligencia política no es tanto el saber jugar con los agentes que actúan en una crisis para obtener una solución "win-win", es la capacidad para saber buscar alternativas que desarrollen a todos los colectivos que hay detrás de esos agentes; porque es eso precisamente lo que es una crisis, una situación de incapacidad de desarrollarse y crecer.
El ver la inteligencia política como un juego es un error muy común, yo recomendaría verla con una mentalidad de visionario-emprendedor, con un gran espíritu práctico, pleno de sentido común y con una gran fe e ilusión puestas en el futuro.
martes, 15 de junio de 2010
La perfección imposible.
Todas las organizaciones que conozco personalmente no son perfectas, aunque todas son perfectamente dignas y respetables, pero no son perfectas si entendemos por perfección el hecho de no tener ningún fallo desde un punto de vista estratégico, y el hecho también de definir su estructura para maximizar las posibilidades de éxito de esa estrategia.
La perfección a la que me refierto, no pertenece al terreno de la utopía, de lo ideal, si no que está mucho más relacionada con el término "coherencia", con la lógica y con la razón, con la manera de analizar los problemas desde un punto de vista científico y de aplicar las soluciones maximizando las posibilidades de éxito. Por eso dudo que exista en el mundo alguna organización perfecta, porque todas tienen dentro de si componentes humanos y emocionales, que las llevan a cometer errores.
Y cuando hablo de organizaciones, no me refiero sólo a empresas, también me refiero a cualquier estructura general cuyos miembros tengan unos objetivos comunes. Por eso digo que, desde un punto de vista global, es muy difícil que en los colectivos haya una lógica y una coherencia que muchas veces no existe en los seres humanos individuales. Los colectivos son más complicados de gestionar que las propias personas individuales, de ahí que resulta curioso, como ya comentaba en otro post, que no exista una tradicción cultural arraigada, que se haya dedicado a profundizar en los estudios y en la ciencia de dirigir políticamente las organizaciones.
Es la forma de ser que tenemos todos los seres humanos. Aquello con lo que no sabemos enfrentarnos para enseñarselo a las nuevas generaciones, es necesario que éstas empiecen a adquirir sus conocimientos partiendo de cero. Y la inteligencia política cumple con todas estas características que estoy exponiendo.
De un modo o de otro, sus consecuencias prácticas aplicadas infunden miedo en las bases de las organizaciones en donde tiene que aplicarse. De ahí que se huya de ellas y que terminen ignorándose, procurando que el poder cambie lo menos posible, mientras procuramos también jugar al juego cuyas reglas inconscientemente fingimos conocer.
Es la manera en la que la inercia de los acontecimientos termina imponiéndose a la lógica de la razón y de las voluntades, mientras se redefine el término de "inteligencia política" como aquello que necesita saber el Director General para llevar a buen puerto a la empresa. Definición que ya hemos demostrado que no es correcta y que no es más que otra redefinición de la vieja esencia de muchos ejecutivos de "el jefe ante todo, con razón o sin ella".
La perfección de un colectivo siempre es un imposible, porque sólo puede ser perfecto aquello que es simple. Lo complejo, lo que es rico en matices, lo que tiene múltiples dimensiones y grados de libertad, nunca puede ser perfecto, lo que no quita que tenemos que procurar que su actuación esté lo más optimizada posible.
Que la inteligencia política, lo reconozca, es la humildad que tiene que tener para empezar a ser lógica y práctica. Los eslóganes y los triunfalismos que venden actuaciones perfectas, son sólo ruídos con los que se intentan correr curiosas cortinas de humo, más que nada, y no está de mal recordarlo, porque ninguna actuación se audita completamente.
La perfección a la que me refierto, no pertenece al terreno de la utopía, de lo ideal, si no que está mucho más relacionada con el término "coherencia", con la lógica y con la razón, con la manera de analizar los problemas desde un punto de vista científico y de aplicar las soluciones maximizando las posibilidades de éxito. Por eso dudo que exista en el mundo alguna organización perfecta, porque todas tienen dentro de si componentes humanos y emocionales, que las llevan a cometer errores.
Y cuando hablo de organizaciones, no me refiero sólo a empresas, también me refiero a cualquier estructura general cuyos miembros tengan unos objetivos comunes. Por eso digo que, desde un punto de vista global, es muy difícil que en los colectivos haya una lógica y una coherencia que muchas veces no existe en los seres humanos individuales. Los colectivos son más complicados de gestionar que las propias personas individuales, de ahí que resulta curioso, como ya comentaba en otro post, que no exista una tradicción cultural arraigada, que se haya dedicado a profundizar en los estudios y en la ciencia de dirigir políticamente las organizaciones.
Es la forma de ser que tenemos todos los seres humanos. Aquello con lo que no sabemos enfrentarnos para enseñarselo a las nuevas generaciones, es necesario que éstas empiecen a adquirir sus conocimientos partiendo de cero. Y la inteligencia política cumple con todas estas características que estoy exponiendo.
De un modo o de otro, sus consecuencias prácticas aplicadas infunden miedo en las bases de las organizaciones en donde tiene que aplicarse. De ahí que se huya de ellas y que terminen ignorándose, procurando que el poder cambie lo menos posible, mientras procuramos también jugar al juego cuyas reglas inconscientemente fingimos conocer.
Es la manera en la que la inercia de los acontecimientos termina imponiéndose a la lógica de la razón y de las voluntades, mientras se redefine el término de "inteligencia política" como aquello que necesita saber el Director General para llevar a buen puerto a la empresa. Definición que ya hemos demostrado que no es correcta y que no es más que otra redefinición de la vieja esencia de muchos ejecutivos de "el jefe ante todo, con razón o sin ella".
La perfección de un colectivo siempre es un imposible, porque sólo puede ser perfecto aquello que es simple. Lo complejo, lo que es rico en matices, lo que tiene múltiples dimensiones y grados de libertad, nunca puede ser perfecto, lo que no quita que tenemos que procurar que su actuación esté lo más optimizada posible.
Que la inteligencia política, lo reconozca, es la humildad que tiene que tener para empezar a ser lógica y práctica. Los eslóganes y los triunfalismos que venden actuaciones perfectas, son sólo ruídos con los que se intentan correr curiosas cortinas de humo, más que nada, y no está de mal recordarlo, porque ninguna actuación se audita completamente.
La condición humana
De las lecturas de cualquier libro de psicología se puede llegar a la conclusión que los seres humanos somos complejos, que no actuamos conforme a una coherencia ni a una lógica y que somos una fuente constante de contradicciones.
Si ya esa complejidad se da a nivel individual, imaginemos lo que puede ser cuando estamos en un grupo organizado, como puede ser una empresa, en donde cada uno no ya actúa conforme a sus caprichos, sino conforme a unos intereses que, cada cual en su medida, comprende parcialmente. Por eso, no es extraño que haya quien afirme que, a nivel del psico-análisis, los mismos problemas individuales, se manifiestan también a nivel colectivo en el seno de muchas organizaciones.
Ejemplos puede haber muchos, pero de una forma o de otra, si queremos ser prácticos, lo que tenemos que estar seguros es que no hay nadie, pero nadie, que sea indiferente a su relación con las organizaciones, puesto que la mayor parte de la satisfación de nuestras necesidades, ambiciones, relaciones, etc. es posible gracias a su existencia.
La sociedad y el progreso, sólo es posible gracias a la existencia de una estructura sobre la que se tejen una serie de relaciones. Podrá tener estrategia o no, pero siempre tendrá que tener estructura, y casi siempre, la relación que cada persona tenga con esa estructura terminará por afectar a la imagen que ese persona tenga de si misma.
Expongo todo esto, porque quiero hacer ver que de la misma condición humana, se desprende un carácter político, no en la medida que tenga una ideología de cualquier clase, si no en la medida que le afecta a las relaciones que tiene con todas las estructuras organizativas de la que forma parte: familia, empresa, asociaciones, grupos de amigos, vecinos, etc.
Y frente a este hecho, resulta curioso, como siendo el hombre de una naturaleza tan social y tan política, existan poquísmos estudios científicos que se dediquen a analizar los errores y los fallos que se comenten a la hora de organizarse en grupos, qué defectos son los más comunes, qué actitudes mayoritarias han tenido grandes fracasos en un medio plazo, etc.
¿Por qué se desprende, de la misma condición humana, un miedo a poder elaborar un estudio científico y un análisis del poder, para poder examinar si es conveniente el modo de ejercerlo, de aplicarlo, de ejecutarlo, de compartirlo, etc.?. ¿Cómo puede ser que una de las mayores obsesiones de muchas personas, léase ascender, triunfar, ser más, etc., no se puede aprender, ni estudiar, ni examinar desde un punto de vista desapasionado y frío, con el fin de poder elaborar un conocimiento que ayude a otras personas, enseñándoles cómo poder hacerlo mejor?.
La naturaleza humana es así de contradictoria. Tiene verdadero miedo de si misma. Es incoherente con sus propios objetivos y realidades, y pretende reducir la razón y el análisis a un plano meramente emocional, en donde sólo cuentan momentos pasajeros de felicidad.
Quizá haya que empezar a comprender las propias limitaciones de nuestra humana condición, para poder empezar a mejorar y a superar, todo cuanto nos impide llegar más allá de nosotros mismos. Es necesario aportar un nuevo conjunto de ideas y de opiniones, que nos hagan preguntarnos hasta qué punto nos vemos sometidos por esa ignorancia y esa incapacidad de analizar y de medir las actuaciones de las empresas y de las organizaciones.
Y por mucho que nos sorprenda, eso no se puede resolver ni con dinero, ni con innovación, ni con tecnología. Existen otro tripo de barreras más intangibles, que hay que derribar.
La inteligencia política tiene que surgir como lo que tiene que ser en su origen: una nueva forma de pensar diferente.
Si ya esa complejidad se da a nivel individual, imaginemos lo que puede ser cuando estamos en un grupo organizado, como puede ser una empresa, en donde cada uno no ya actúa conforme a sus caprichos, sino conforme a unos intereses que, cada cual en su medida, comprende parcialmente. Por eso, no es extraño que haya quien afirme que, a nivel del psico-análisis, los mismos problemas individuales, se manifiestan también a nivel colectivo en el seno de muchas organizaciones.
Ejemplos puede haber muchos, pero de una forma o de otra, si queremos ser prácticos, lo que tenemos que estar seguros es que no hay nadie, pero nadie, que sea indiferente a su relación con las organizaciones, puesto que la mayor parte de la satisfación de nuestras necesidades, ambiciones, relaciones, etc. es posible gracias a su existencia.
La sociedad y el progreso, sólo es posible gracias a la existencia de una estructura sobre la que se tejen una serie de relaciones. Podrá tener estrategia o no, pero siempre tendrá que tener estructura, y casi siempre, la relación que cada persona tenga con esa estructura terminará por afectar a la imagen que ese persona tenga de si misma.
Expongo todo esto, porque quiero hacer ver que de la misma condición humana, se desprende un carácter político, no en la medida que tenga una ideología de cualquier clase, si no en la medida que le afecta a las relaciones que tiene con todas las estructuras organizativas de la que forma parte: familia, empresa, asociaciones, grupos de amigos, vecinos, etc.
Y frente a este hecho, resulta curioso, como siendo el hombre de una naturaleza tan social y tan política, existan poquísmos estudios científicos que se dediquen a analizar los errores y los fallos que se comenten a la hora de organizarse en grupos, qué defectos son los más comunes, qué actitudes mayoritarias han tenido grandes fracasos en un medio plazo, etc.
¿Por qué se desprende, de la misma condición humana, un miedo a poder elaborar un estudio científico y un análisis del poder, para poder examinar si es conveniente el modo de ejercerlo, de aplicarlo, de ejecutarlo, de compartirlo, etc.?. ¿Cómo puede ser que una de las mayores obsesiones de muchas personas, léase ascender, triunfar, ser más, etc., no se puede aprender, ni estudiar, ni examinar desde un punto de vista desapasionado y frío, con el fin de poder elaborar un conocimiento que ayude a otras personas, enseñándoles cómo poder hacerlo mejor?.
La naturaleza humana es así de contradictoria. Tiene verdadero miedo de si misma. Es incoherente con sus propios objetivos y realidades, y pretende reducir la razón y el análisis a un plano meramente emocional, en donde sólo cuentan momentos pasajeros de felicidad.
Quizá haya que empezar a comprender las propias limitaciones de nuestra humana condición, para poder empezar a mejorar y a superar, todo cuanto nos impide llegar más allá de nosotros mismos. Es necesario aportar un nuevo conjunto de ideas y de opiniones, que nos hagan preguntarnos hasta qué punto nos vemos sometidos por esa ignorancia y esa incapacidad de analizar y de medir las actuaciones de las empresas y de las organizaciones.
Y por mucho que nos sorprenda, eso no se puede resolver ni con dinero, ni con innovación, ni con tecnología. Existen otro tripo de barreras más intangibles, que hay que derribar.
La inteligencia política tiene que surgir como lo que tiene que ser en su origen: una nueva forma de pensar diferente.
domingo, 13 de junio de 2010
Los ratios financieros
Una de las cosas más curiosas de la dirección de empresas es la costumbre de querer justificar su labor basándose por los valores de unos ciertos ratios financieros, y digo unos, porque siempre que se realizan presentaciones, no siempre resultan ser los mismos y se escogen aquellos que más interesa mostrar, particularmente cuando se presentan resultados de cara a los accionistas.
Parece como si la labor de gestión se tuviera que medir sólo con el valor de esos ratios y como si el trinufalismo que suele adornar esos discursos, se apoyara en ellos para resultar más creíble y más científico.
Al oírlos, parece también como si se olvidara que una empresa es un sistema en donde, sólo tiene sentido reducir la gestión a unos ratios, cuando esos ratios son los Factores Claves necesarios para conseguir el éxito, cosa que no siempre sucede.
Basta empezar a estudiar un poco Análisis Económico Financiero, para darse cuenta de las limitaciones que tiene el estudio de ratios y lo poco aconsejables que son desde el punto de vista estrictamente profesional. Los ratios reflejan fotos fijas, no procesos. Tienen que estar apoyados por una exhaustiva auditoría. Hay que estudiarlos dentro del sector, de la geografía, incluso a lo largo de un periodo de tiempo. Y sobre todo, hay que estudiarlos en relación a otros ratios.
Poco de esto se recuerda cuando se hacen las presentaciones. Una visión completa de la organización requiere estudiar stocks y flujos en muchas variables, exactamente igual que se estudian estados y procesos, y se comprenden tanto la situación estática de la organización, como la dinámica.
Sin esto, y hablo sólo desde la perspectiva económico-financiera, dudo mucho que se puedan sacar conclusiones mediante útiles, que se puedan aplicar con unas mínimas garantías de éxitos.
Se utilizan entonces en las presentaciones porque forman parte de un guión escrito que un auditorio hambriento de "seguridades" quiere escuchar. Es el análisis de los que ni saben ni quieren analizar nada, porque lo único que quieren concluir es que la idea "prefijada de antemano" es la idea verdadera.
Los ratios no diagnostican y mucho menos si sólo se les utiliza de esa manera. ¿De qué sirven entonces presentarlos como grandes logros?... O peor aún... ¿De qué sirve dirigir y establecer toda una serie de políticas con el único y exclusivo fin de poder presentar unos ratios como grandes logros?.
Sólo para el poder, por el poder.... pero sin la razón.
Parece como si la labor de gestión se tuviera que medir sólo con el valor de esos ratios y como si el trinufalismo que suele adornar esos discursos, se apoyara en ellos para resultar más creíble y más científico.
Al oírlos, parece también como si se olvidara que una empresa es un sistema en donde, sólo tiene sentido reducir la gestión a unos ratios, cuando esos ratios son los Factores Claves necesarios para conseguir el éxito, cosa que no siempre sucede.
Basta empezar a estudiar un poco Análisis Económico Financiero, para darse cuenta de las limitaciones que tiene el estudio de ratios y lo poco aconsejables que son desde el punto de vista estrictamente profesional. Los ratios reflejan fotos fijas, no procesos. Tienen que estar apoyados por una exhaustiva auditoría. Hay que estudiarlos dentro del sector, de la geografía, incluso a lo largo de un periodo de tiempo. Y sobre todo, hay que estudiarlos en relación a otros ratios.
Poco de esto se recuerda cuando se hacen las presentaciones. Una visión completa de la organización requiere estudiar stocks y flujos en muchas variables, exactamente igual que se estudian estados y procesos, y se comprenden tanto la situación estática de la organización, como la dinámica.
Sin esto, y hablo sólo desde la perspectiva económico-financiera, dudo mucho que se puedan sacar conclusiones mediante útiles, que se puedan aplicar con unas mínimas garantías de éxitos.
Se utilizan entonces en las presentaciones porque forman parte de un guión escrito que un auditorio hambriento de "seguridades" quiere escuchar. Es el análisis de los que ni saben ni quieren analizar nada, porque lo único que quieren concluir es que la idea "prefijada de antemano" es la idea verdadera.
Los ratios no diagnostican y mucho menos si sólo se les utiliza de esa manera. ¿De qué sirven entonces presentarlos como grandes logros?... O peor aún... ¿De qué sirve dirigir y establecer toda una serie de políticas con el único y exclusivo fin de poder presentar unos ratios como grandes logros?.
Sólo para el poder, por el poder.... pero sin la razón.
sábado, 12 de junio de 2010
Los cursos de autoayuda
Recientemente en otro post, comenté que la inteligencia política no es un curso de autoayuda, y en razón de un par de comentarios orales recibidos, creo que no se entendió bien.
Lo que quise decir es que no tiene el objetivo de hacer que la organización sea feliz, es decir, que sea una balsa de aceite con personas realizadas y sin problemas, problemas que casi siempre vienen por parte del área de Recursos Humanos, pero no del resto de las áreas, como trataba de demostrar "aquella" empresa.
La inteligencia política no trata de hacer feliz a nadie, puesto que no trata emociones, trata de optimizar rendimientos y resultados tomando decisiones correctas, por lo que su objetivo no es una felicidad colectiva, si no la realización de unas competencias colectivas para conseguir resultados.
A veces puede suceder que los problemas vengan por parte del área de Recursos Humanos, pero siempre, y sólo de ese área, desde luego que no. Los problemas vienen de parte de todas las áreas y tendrán su correspondiente "perfil" en ese área, pero los orígenes y las causas son siempre más complejos y sólo con un análisis sistémico de la situación se podrá llegar a averiguar.
Los cursos de autoayuda bajo la máscara de inteligencia política, pueden tener unos beneficios puntuales en la motivación de algunos empleados, pero mientras no cuestionen abiertamente el uso que el mando hace del poder y la forma que tiene de utilizarlo para optimizar sus actuaciones, creo que son escasamente útiles, más que nada, porque persiguen "aliviar el dolor de los desfavorecidos", antes que luchar por cambiar la situación incoherente y absurda, explicando porqué es incoherente y absurda, y que consecuencias puede tener a todos los niveles.
Decir la verdad e intentar corregir con conocimiento de causa, de una manera civilizada y pacífica, todos los errores organizativos y estratégicos que se cometen, si que es una función y una labor básica que tenemos que desarrollar, como profesionales que intentamos incrementar el nivel de inteligencia política de las empresas.
Uno de los métodos para hacerlo puede ser el de un "coaching", a base de hacer preguntas que inquieten y conmuevan los "cimientos" de las organizaciones, pero eso no es honrado venderlo bajo el paraguas de la búsqueda de la felicidad de los cursos de autoayuda, porque se trata de algo bastante más serio y complejo.
Lo que quise decir es que no tiene el objetivo de hacer que la organización sea feliz, es decir, que sea una balsa de aceite con personas realizadas y sin problemas, problemas que casi siempre vienen por parte del área de Recursos Humanos, pero no del resto de las áreas, como trataba de demostrar "aquella" empresa.
La inteligencia política no trata de hacer feliz a nadie, puesto que no trata emociones, trata de optimizar rendimientos y resultados tomando decisiones correctas, por lo que su objetivo no es una felicidad colectiva, si no la realización de unas competencias colectivas para conseguir resultados.
A veces puede suceder que los problemas vengan por parte del área de Recursos Humanos, pero siempre, y sólo de ese área, desde luego que no. Los problemas vienen de parte de todas las áreas y tendrán su correspondiente "perfil" en ese área, pero los orígenes y las causas son siempre más complejos y sólo con un análisis sistémico de la situación se podrá llegar a averiguar.
Los cursos de autoayuda bajo la máscara de inteligencia política, pueden tener unos beneficios puntuales en la motivación de algunos empleados, pero mientras no cuestionen abiertamente el uso que el mando hace del poder y la forma que tiene de utilizarlo para optimizar sus actuaciones, creo que son escasamente útiles, más que nada, porque persiguen "aliviar el dolor de los desfavorecidos", antes que luchar por cambiar la situación incoherente y absurda, explicando porqué es incoherente y absurda, y que consecuencias puede tener a todos los niveles.
Decir la verdad e intentar corregir con conocimiento de causa, de una manera civilizada y pacífica, todos los errores organizativos y estratégicos que se cometen, si que es una función y una labor básica que tenemos que desarrollar, como profesionales que intentamos incrementar el nivel de inteligencia política de las empresas.
Uno de los métodos para hacerlo puede ser el de un "coaching", a base de hacer preguntas que inquieten y conmuevan los "cimientos" de las organizaciones, pero eso no es honrado venderlo bajo el paraguas de la búsqueda de la felicidad de los cursos de autoayuda, porque se trata de algo bastante más serio y complejo.
Inmadurez estratégica
Al igual que lo hacemos las personas, es muy frecuente que las organizaciones se auto-engañen, contándose una serie de "historias" que las consuelen de aquello que no soportan de la realidad. Esto sucede sobre todo en las altas esferas en donde, por lo que se llama "prudencia política", se desea conservar el respeto, el mando o el prestigio, antes que reconocer ciertas evidencias.
Como todos sabemos, cuando esas actitudes se realizan continuamente sin que haya un espíritu crítico que las cuestione, al final, puede suceder que las propias empresas se terminen por creer sus propias mentiras y den por verdades absolutas, afirmaciones que no lo son.
Paralelamente a este proceso, también sucede que la "sensibilidad" de los oídos de los directivos se vuelve más "quisquillosa" y soportan cada vez menos la discrepancia, la crítica o la misma sugerencia. De ahí el dicho del que muchos presumen como máxima: "Decir siempre al jefe lo que quiere oír, fue siempre una buena política".
Las consecuencias de esas actitudes son escasas en muchas organizaciones, pero puede suceder que cuando llegue el momento de hacer frente a una amenaza verdaderamente seria, la crisis que se puede generar puede terminar con el propio proyecto de empresa.
Nosotros lo podemos denominar como "inmadurez estratégica", como la incapacidad que muchas organizaciones tienen para actuar frente a las graves amenazas y peligros, por medio de la única vía posible, que es la elaboración de una estrategia.
Esta madurez o inmadurez de las organizaciones, que es una variable perfectamente medible, debería ser controlada por los Consejos de Administración, no sólo para saber en qué manos dejan sus inversiones, si no también para poder establecer un plan de acción que pueda afrontar el problema.
Es realmente curioso la manera en que muchísimas veces, las mismas personas, actúan de forma inteligente, ante un problema médico, por ejemplo, en donde se realizan análisis una y mil veces, para poder tomar así una decisión correcta con un diagnóstico también correcto, y cuando se trata de salvar organizaciones de las que dependen muchos puestos de trabajo, no se realiza.
Los intereses "personales" en que no se realicen dichos análisis, o cualquier tipo de auditoría estratégica, no hacen ningún bien a las empresas, ni a los trabajadores ni accionistas que dependen de ellas, porque no se toman todos los datos para analizar, antes que tomar la decisión correcta.
La propia psicología nos enseña que las personas no optimizamos nuestros objetivos a la hora de tomar nuestras decisiones, y eso lo tiene muy en cuenta el márketing, si no que actuamos en relación a nuestras conveniencias y emociones, es decir, que somos más emocionales que racionales, aunque no comprendamos en el fondo ninguna de las dos facetas de nuestra personalidad.
La inteligencia política nace para tratar ese tipo de problemas, ese tipo de infantilismo ejecutivo que hay en las organizaciones y que no es capaz de pensar y de actuar de forma global y sistémica, teniendo en cuenta todas las variables en juego.
Si los analistas profesionales de los fondos de inversión midieran el grado de madurez estratégica de las empresas cuyas acciones compran... viviríamos en otro mundo muy distinto y la actual crisis económica nunca se habría producido.
Como todos sabemos, cuando esas actitudes se realizan continuamente sin que haya un espíritu crítico que las cuestione, al final, puede suceder que las propias empresas se terminen por creer sus propias mentiras y den por verdades absolutas, afirmaciones que no lo son.
Paralelamente a este proceso, también sucede que la "sensibilidad" de los oídos de los directivos se vuelve más "quisquillosa" y soportan cada vez menos la discrepancia, la crítica o la misma sugerencia. De ahí el dicho del que muchos presumen como máxima: "Decir siempre al jefe lo que quiere oír, fue siempre una buena política".
Las consecuencias de esas actitudes son escasas en muchas organizaciones, pero puede suceder que cuando llegue el momento de hacer frente a una amenaza verdaderamente seria, la crisis que se puede generar puede terminar con el propio proyecto de empresa.
Nosotros lo podemos denominar como "inmadurez estratégica", como la incapacidad que muchas organizaciones tienen para actuar frente a las graves amenazas y peligros, por medio de la única vía posible, que es la elaboración de una estrategia.
Esta madurez o inmadurez de las organizaciones, que es una variable perfectamente medible, debería ser controlada por los Consejos de Administración, no sólo para saber en qué manos dejan sus inversiones, si no también para poder establecer un plan de acción que pueda afrontar el problema.
Es realmente curioso la manera en que muchísimas veces, las mismas personas, actúan de forma inteligente, ante un problema médico, por ejemplo, en donde se realizan análisis una y mil veces, para poder tomar así una decisión correcta con un diagnóstico también correcto, y cuando se trata de salvar organizaciones de las que dependen muchos puestos de trabajo, no se realiza.
Los intereses "personales" en que no se realicen dichos análisis, o cualquier tipo de auditoría estratégica, no hacen ningún bien a las empresas, ni a los trabajadores ni accionistas que dependen de ellas, porque no se toman todos los datos para analizar, antes que tomar la decisión correcta.
La propia psicología nos enseña que las personas no optimizamos nuestros objetivos a la hora de tomar nuestras decisiones, y eso lo tiene muy en cuenta el márketing, si no que actuamos en relación a nuestras conveniencias y emociones, es decir, que somos más emocionales que racionales, aunque no comprendamos en el fondo ninguna de las dos facetas de nuestra personalidad.
La inteligencia política nace para tratar ese tipo de problemas, ese tipo de infantilismo ejecutivo que hay en las organizaciones y que no es capaz de pensar y de actuar de forma global y sistémica, teniendo en cuenta todas las variables en juego.
Si los analistas profesionales de los fondos de inversión midieran el grado de madurez estratégica de las empresas cuyas acciones compran... viviríamos en otro mundo muy distinto y la actual crisis económica nunca se habría producido.
jueves, 10 de junio de 2010
Redes sociales
En primer lugar tengo que decir que, en contra de la opinión general, yo no sé hasta qué punto representan un nuevo fenómeno que perdurará en el tiempo. Tampoco sé si realmente estamos hablando de la creación de una serie de comunidades virtuales que pueden ayudar al desarrollo estratégico de una empresa o de algo tremendamente pasajero. Tengo mis dudas, porque todo cuanto conozco hasta ahora se basa más en fomentar las relaciones temporales y los contactos espontáneos, que en crear nuevos vínculos de relación y de colaboración con diversos "stakeholders".
Me explico. Por mi experiencia, la presunta ventaja para las empresas que pueden crear las redes sociales más conocidas es sólo una amalgama de opiniones temporales y personales, en mitad de inmensos ruídos, pero que no añaden riqueza ni contenido a lo que realmente necesitan las empresas para crecer: Quejas o alabanzas sobre un producto o un servicio, ahogadas por mensajes de experiencias personales, que si que pueden servir como un estudio de mercado, pero que no terminan por concretarse en demandas concretas de mejoras.
Llevo unos días pensando en si de verdad existe una burbuja en torno a la valoración de Facebook o Twitter, porque más allá de la publicidad indiscrimada (Google segmente con Adwords mucho mejor), o de cobrar (que no cobran) por páginas oficiales corporativas, no veo qué otro modelo de ingresos tienen y que correspondan a todas las espectativas que están creando. Es más, el problema que veo es cómo se van a ganar la fidelidad de sus usuarios a medio y largo plazo.
Partiendo del principio de que "la gente hace lo que le da la gana" y de que más pronto o más tarde las herramientas para la creación de redes se harán tan sumamente populares, que las personas se irán creando sus propias redes sociales. Creo que pronto asistiremos a una hiper-fragmentación de esas "redes sociales oficiales" que se irán abandonando poco a poco, con la gente cansada de ver publicidad y de ver a las empresas, aprovechar sus relaciones personales, para vender más. Sobre todo, cuando estamos asistiendo a la falta de privacidad de sus datos por parte de algunas redes.
De mi primera formación en Internet, recuerdo que siempre estaba el reto de sacar una ventaja competitiva de la interactividad de los usuarios. Es decir, de dotarla de un sentido estratégico, un sentido sinérgico que aproveche las utilidades de la tecnología para dar un mayor valor a las relaciones con los clientes, proveedores, empleados, etc. O sea, mejorar gracias a Internet, la situación actual.
Y esa orientación es algo que no he visto en las redes sociales: Dotar de servicios a todos los stakeholders para dar un mayor valor añadido a todas sus relaciones. En primer lugar, porque tendrían que conocer mejor a todos los stakeholders, segmentarlos de una forma más profesional, con servicios personalizados y con historias de éxitos que pudieran servir como ejemplos de seguir, a la hora de desarrollarse estratégicamente en esta dimensión.
Sinceramente, no lo he visto: De ahí mi esceptecismo ante estos nuevos paradigmas actuales.
Mientras tanto, yo seguiré intentando ver lógica y coherencia alrededor de todas las "posibles" oportunidades de negocio que nos intentan vender nuevos universos.
Me explico. Por mi experiencia, la presunta ventaja para las empresas que pueden crear las redes sociales más conocidas es sólo una amalgama de opiniones temporales y personales, en mitad de inmensos ruídos, pero que no añaden riqueza ni contenido a lo que realmente necesitan las empresas para crecer: Quejas o alabanzas sobre un producto o un servicio, ahogadas por mensajes de experiencias personales, que si que pueden servir como un estudio de mercado, pero que no terminan por concretarse en demandas concretas de mejoras.
Llevo unos días pensando en si de verdad existe una burbuja en torno a la valoración de Facebook o Twitter, porque más allá de la publicidad indiscrimada (Google segmente con Adwords mucho mejor), o de cobrar (que no cobran) por páginas oficiales corporativas, no veo qué otro modelo de ingresos tienen y que correspondan a todas las espectativas que están creando. Es más, el problema que veo es cómo se van a ganar la fidelidad de sus usuarios a medio y largo plazo.
Partiendo del principio de que "la gente hace lo que le da la gana" y de que más pronto o más tarde las herramientas para la creación de redes se harán tan sumamente populares, que las personas se irán creando sus propias redes sociales. Creo que pronto asistiremos a una hiper-fragmentación de esas "redes sociales oficiales" que se irán abandonando poco a poco, con la gente cansada de ver publicidad y de ver a las empresas, aprovechar sus relaciones personales, para vender más. Sobre todo, cuando estamos asistiendo a la falta de privacidad de sus datos por parte de algunas redes.
De mi primera formación en Internet, recuerdo que siempre estaba el reto de sacar una ventaja competitiva de la interactividad de los usuarios. Es decir, de dotarla de un sentido estratégico, un sentido sinérgico que aproveche las utilidades de la tecnología para dar un mayor valor a las relaciones con los clientes, proveedores, empleados, etc. O sea, mejorar gracias a Internet, la situación actual.
Y esa orientación es algo que no he visto en las redes sociales: Dotar de servicios a todos los stakeholders para dar un mayor valor añadido a todas sus relaciones. En primer lugar, porque tendrían que conocer mejor a todos los stakeholders, segmentarlos de una forma más profesional, con servicios personalizados y con historias de éxitos que pudieran servir como ejemplos de seguir, a la hora de desarrollarse estratégicamente en esta dimensión.
Sinceramente, no lo he visto: De ahí mi esceptecismo ante estos nuevos paradigmas actuales.
Mientras tanto, yo seguiré intentando ver lógica y coherencia alrededor de todas las "posibles" oportunidades de negocio que nos intentan vender nuevos universos.
miércoles, 9 de junio de 2010
Reinventar la empresa
En los ciclos de conferencias de la Fundación Telefónica podéis encontrar un debate / charla sobre la necesidad de reinventar o de adaptar la empresa a las nuevas condiciones económicas. y tecnológicas En ellas, una de las cosas más curiosas que se dicen es que mientras las grandes empresas, por su gran tamaño, lo más que pueden hacer es adaptarse, las pymes, en cambio, tienen que incrementar su competitividad reinventándose. Argumento que tiene su lógica, pero que se queda un "poco corto".
Personalmente, yo no creo que haya que hacer un debate sobre reinventar o adaptar a la empresa, porque está claro que cada organización en función de sus necesidades tendrá que hacer lo que crea conveniente. El problema sobre el que habría que debatir es sobre el cómo reinventarse, o como adaptarse, porque ninguna de las dos actividades puede llevarse a cabo exitosamente sin una estrategia adecuada, estrategia que naturalmente debería de revisarse, controlarse y auditarse. Cuestiones de las que por supuesto, no se dicen nada en ninguna de las charlas.
Para mi, es el viejo tema de las guerras de los conceptos que tan bien saben hacer todos los periodistas, pero que en si encierran una trampa porque, seamos sinceros, las empresas que no sean capaces de ejecutar una estrategia con éxito no van a tener ni que reinventarse ni que adaptarse, por la sencilla razón de que van a continuar con la pérdida de clientes y terminarán por desaparecer. La clave no es la reinvención ni la adaptación, la clave es la estrategia para llevarla a cabo porque, desde luego, se trata de un problema que en absoluto es trivial.
Yo comprendo que es muy bonito debatir sobre reinvención, innovación, adaptación, y otros conceptos tan elevados. Pero... ¿Por qué no ir de verdad al grano, al centro de la cuestión?. ¿Por qué no decir abiertamente que ni los grandes se pueden adaptar, ni los pequeños reinventar, si no son lo suficientemente maduros estratégicamente para hacerlo?. ¿Por qué no exponer que esa inmadurez estratégica de muchas empresas y de muchas personas, es la que las lleva a tener problemas muy serios o la de olvidarse de ellos, estableciendo debates de este tipo?. ¿Por qué no dar el nombre correcto a las cosas?.
Una madurez estratégica se empieza a alcanzar cuando la organización aprende a gestionarse para alcanzar los objetivos que se había planteado, cuando aparecen nuevos retos que supongan la creación de nuevas competencias, cuando las visiones se enriquecen, los análisis se hacen con una mayor profundidad y se toman las decisiones basándose en ellos y no en los deseos y caprichos de la jefatura. Es decir, cuando se tienen experiencias victoriosas en resolver problemas complejos.
Porque la madurez estratégica es como la madurez de las personas, es lo que lleva a saber afrontar y resolver los problemas de la vida con una visión del mundo que no pueden tener ni los niños, ni los ancianos. Una forma de pensar y de actuar propia de personas con experiencia, pero también con ilusiones de futuro, porque madurar, es dominar todas las capacidades necesarias de forma adulta y equilibrada.
Conociendo esto, creo que está claro que la reinvención de la empresa no es más que un concepto vacío, como otros muchos, en donde muchas personas pierden el tiempo enfrentándose a falsos problemas.
Personalmente, yo no creo que haya que hacer un debate sobre reinventar o adaptar a la empresa, porque está claro que cada organización en función de sus necesidades tendrá que hacer lo que crea conveniente. El problema sobre el que habría que debatir es sobre el cómo reinventarse, o como adaptarse, porque ninguna de las dos actividades puede llevarse a cabo exitosamente sin una estrategia adecuada, estrategia que naturalmente debería de revisarse, controlarse y auditarse. Cuestiones de las que por supuesto, no se dicen nada en ninguna de las charlas.
Para mi, es el viejo tema de las guerras de los conceptos que tan bien saben hacer todos los periodistas, pero que en si encierran una trampa porque, seamos sinceros, las empresas que no sean capaces de ejecutar una estrategia con éxito no van a tener ni que reinventarse ni que adaptarse, por la sencilla razón de que van a continuar con la pérdida de clientes y terminarán por desaparecer. La clave no es la reinvención ni la adaptación, la clave es la estrategia para llevarla a cabo porque, desde luego, se trata de un problema que en absoluto es trivial.
Yo comprendo que es muy bonito debatir sobre reinvención, innovación, adaptación, y otros conceptos tan elevados. Pero... ¿Por qué no ir de verdad al grano, al centro de la cuestión?. ¿Por qué no decir abiertamente que ni los grandes se pueden adaptar, ni los pequeños reinventar, si no son lo suficientemente maduros estratégicamente para hacerlo?. ¿Por qué no exponer que esa inmadurez estratégica de muchas empresas y de muchas personas, es la que las lleva a tener problemas muy serios o la de olvidarse de ellos, estableciendo debates de este tipo?. ¿Por qué no dar el nombre correcto a las cosas?.
Una madurez estratégica se empieza a alcanzar cuando la organización aprende a gestionarse para alcanzar los objetivos que se había planteado, cuando aparecen nuevos retos que supongan la creación de nuevas competencias, cuando las visiones se enriquecen, los análisis se hacen con una mayor profundidad y se toman las decisiones basándose en ellos y no en los deseos y caprichos de la jefatura. Es decir, cuando se tienen experiencias victoriosas en resolver problemas complejos.
Porque la madurez estratégica es como la madurez de las personas, es lo que lleva a saber afrontar y resolver los problemas de la vida con una visión del mundo que no pueden tener ni los niños, ni los ancianos. Una forma de pensar y de actuar propia de personas con experiencia, pero también con ilusiones de futuro, porque madurar, es dominar todas las capacidades necesarias de forma adulta y equilibrada.
Conociendo esto, creo que está claro que la reinvención de la empresa no es más que un concepto vacío, como otros muchos, en donde muchas personas pierden el tiempo enfrentándose a falsos problemas.
martes, 8 de junio de 2010
La singularidad
Se trata de un viejo concepto que ha sido acuñado por el prospectivista Ray Kurzweil para indicar, que se alcanzará un punto tal en la evolución tecnológica que, dado su carácter tan avanzado, el ser humano estará ya tan absolutamente cambiado, que será enteramente diferente al que conocemos hoy. O sea, será un punto de no retorno para el hombre tal y como hoy lo conocemos, porque alcanzará un estado tan distinto del de ahora, que se podrá denominar como hombre post-humano.
Para ello, se requiere de algunos hechos tales como que se haga una ingeniera inversa del cerebro y se lleguen a construir ordenadores que aprendan por si mismos y lleguen a ser más inteligentes que nosotros, que se pueda manipular mediante técnicas de ingeniería todo tipo de materia: la orgánica y la inorgánica, (conseguir cambiar el ADN y curar enfermedades como la vejez gracias a ello, diseñar todo tipo de materiales que no ha dado la naturaleza), superando así las limitaciones de la biología y de la geología.
Pero básicamente, la singularidad se alcanzará cuando se puedan diseñar conocimientos automáticos tan sumamente elevados que el ser humano en si mismo, sea incapaz de comprenderlos. Es decir, cuando se pueda desarrollar de manera industrial, una ciencia y una tecnología de la inteligencia, que haga que el conocimiento que la humanidad pueda tener crezca exponencialmente año tras año.
Aquí podéis ver una ampliación de todo esto que os estoy exponiendo en una entrevista con Kurweil, para que vosotros mismos saquéis vuestras propias conclusiones.
Nuestra opinión personal es que se trata de un futuro tremendamente posible, a pesar de que pueda tardar en llegar, un futuro en el que partiendo de que ya hoy en día, la Inteligencia Artificial aumenta sus capacidades año tras año, mientras que la Inteligencia Biológica permanece casi fija, tiene que tener en cuenta todas las interacciones que pueden ocurrir con cada nuevo avance que se haga.
La innovación y el cambio social no se producen sólo por la fuerza de los laboratorios, si no que es el producto de un conjunto de factores muy complejos que interactúan entre si y que dan como resultado una sociedad nueva, diferente de la anterior.
La base de un futuro, en donde se puedan producir soluciones inteligentes a nuestros problemas de manera no creativa e industrial, tiene que empezar a construirse ahora, en el momento presente, provocando precisamente esos cambios que se ven más necesarios y por los que, la sociedad más interconectada y culturalmente avanzada de la historia, va a luchar por construir.
A la ingeniería de la inteligencia, se le tiene que oponer una ingeniería de las relaciones, porque es precisamente el complemento que la falta. Una ingeniería de las relaciones que tiene que empezar por construir modelos de organizaciones que optimicen resultados y que no se pierdan en quiméricas obsesiones, fruto del interés de unos pocos, que creen verdaderas estrategias y que no se sirva de conceptos falsos, ni de extraños juegos para mantener el mando y el control.
Ésa es al menos nuestra opinión. Como también es nuestra opinión que dentro de esa ingeniería de las relaciones tendrá que estar la inteligencia política, como uno de los factores que más puede influir por construir un futuro, también tecnológicamente más avanzado, pero más a la medida de los intereses tanto de las individualidades como de los colectivos sociales, viendo de qué manera las nuevas reglas sociales tienen que establecerse, no por el interés de unos pocos, si no para poder alcanzar unas visiones y unos objetivos compartidos y deseados por las amplias mayorías.
El debate sobre el tipo de futuro que deseamos construir tiene que empezar cuanto antes, porque según sea la sociedad, así será la tecnología que se desarrolle en su seno, para lanzar productos y servicios competitivos.
De nuevo tenemos que ser conscientes, del poder y de la responsabilidad que tenemos a la hora de constuir el mundo del mañana. La singularidad podrá estar próxima o no, pero tendrá que ser, como nosotros mismos queramos que sea.
Para ello, se requiere de algunos hechos tales como que se haga una ingeniera inversa del cerebro y se lleguen a construir ordenadores que aprendan por si mismos y lleguen a ser más inteligentes que nosotros, que se pueda manipular mediante técnicas de ingeniería todo tipo de materia: la orgánica y la inorgánica, (conseguir cambiar el ADN y curar enfermedades como la vejez gracias a ello, diseñar todo tipo de materiales que no ha dado la naturaleza), superando así las limitaciones de la biología y de la geología.
Pero básicamente, la singularidad se alcanzará cuando se puedan diseñar conocimientos automáticos tan sumamente elevados que el ser humano en si mismo, sea incapaz de comprenderlos. Es decir, cuando se pueda desarrollar de manera industrial, una ciencia y una tecnología de la inteligencia, que haga que el conocimiento que la humanidad pueda tener crezca exponencialmente año tras año.
Aquí podéis ver una ampliación de todo esto que os estoy exponiendo en una entrevista con Kurweil, para que vosotros mismos saquéis vuestras propias conclusiones.
Nuestra opinión personal es que se trata de un futuro tremendamente posible, a pesar de que pueda tardar en llegar, un futuro en el que partiendo de que ya hoy en día, la Inteligencia Artificial aumenta sus capacidades año tras año, mientras que la Inteligencia Biológica permanece casi fija, tiene que tener en cuenta todas las interacciones que pueden ocurrir con cada nuevo avance que se haga.
La innovación y el cambio social no se producen sólo por la fuerza de los laboratorios, si no que es el producto de un conjunto de factores muy complejos que interactúan entre si y que dan como resultado una sociedad nueva, diferente de la anterior.
La base de un futuro, en donde se puedan producir soluciones inteligentes a nuestros problemas de manera no creativa e industrial, tiene que empezar a construirse ahora, en el momento presente, provocando precisamente esos cambios que se ven más necesarios y por los que, la sociedad más interconectada y culturalmente avanzada de la historia, va a luchar por construir.
A la ingeniería de la inteligencia, se le tiene que oponer una ingeniería de las relaciones, porque es precisamente el complemento que la falta. Una ingeniería de las relaciones que tiene que empezar por construir modelos de organizaciones que optimicen resultados y que no se pierdan en quiméricas obsesiones, fruto del interés de unos pocos, que creen verdaderas estrategias y que no se sirva de conceptos falsos, ni de extraños juegos para mantener el mando y el control.
Ésa es al menos nuestra opinión. Como también es nuestra opinión que dentro de esa ingeniería de las relaciones tendrá que estar la inteligencia política, como uno de los factores que más puede influir por construir un futuro, también tecnológicamente más avanzado, pero más a la medida de los intereses tanto de las individualidades como de los colectivos sociales, viendo de qué manera las nuevas reglas sociales tienen que establecerse, no por el interés de unos pocos, si no para poder alcanzar unas visiones y unos objetivos compartidos y deseados por las amplias mayorías.
El debate sobre el tipo de futuro que deseamos construir tiene que empezar cuanto antes, porque según sea la sociedad, así será la tecnología que se desarrolle en su seno, para lanzar productos y servicios competitivos.
De nuevo tenemos que ser conscientes, del poder y de la responsabilidad que tenemos a la hora de constuir el mundo del mañana. La singularidad podrá estar próxima o no, pero tendrá que ser, como nosotros mismos queramos que sea.
lunes, 7 de junio de 2010
La estrategia responsable
Creemos que una de las facetas por las que cuales más se tienen que desarrollar las empresas en un futuro, es por la capacidad de ser competitivas siendo respetuosas tanto con la sociedad como con el medio ambiente. Tener unos valores y desarrollarlos, haciendo que sean reales.
Cada vez más, creemos que nos estamos aproximando a una sociedad, en donde la reputación va a pesar cada vez más a la hora de estar y desarrollarse en un mercado. Dentro de poco, no se va a guardar fidelidad a las marcas ni a los eslóganes, se va a guardar fidelidad a los valores y a las empresas que los representan. De ahí que dichas organizaciones, de igual manera que realizan márketing de productos y servicios, van a tener que realizar márketing de valores y de principios.
De una manera o de otra, la guerra de precios entre todos los productos indiferenciados y que terminará por estallar, va a tener que abrir paso a un nuevo tipo de competencia, una competencia más basada en todo un valor añadido del producto, de forma que el consumidor se identifique con unos valores y unos principios que van parejos a cada acto de compra.
Pero más allá de este hecho y del márketing social que pueden hacer las empresas, está el puro valor competitivo que pueden tener y está sobre todo, la manera en que van a hacer compatible ese márketing social de valores y principios con el servicio que prometen dar a sus clientes. Es decir, la tendencia en un futuro cada vez más cercano, está en asociar y compatibilizar calidad y servicios con valores y principios, asociados en un mismo conjunto de relaciones con los clientes y los mercados.
Por darlo un nombre, podríamos denominarlo "estrategia responsable", aunque este concepto que exponemos, va mucho más allá del puro márketing que exponemos en el párrafo anterior. Este nuevo concepto que defendemos va encaminado a reconocer que sin una viabilidad de responsabilidad es imposible el proyecto empresarial, porque sin esa viabilidad, no va a poder competir en el entorno en donde tiene que hacerlo.
Se trataría de una viabilidad de responsabilidad exactamente igual que existen las viabilidades comerciales, económicas y financieras, y que no sólo quiere dar a conocer la empresa y fidelizar a los clientes, la estrategia responsable trata de crear nuevos valores añadidos a toda la sinergia del sistema empresarial porque, sin esa nueva capacidad para competir, sin ese nuevo espacio que la viabilidad de responsabilidad puede abrir a toda la organización, no tendría mucho sentido porque no sería ni comercial ni financieramente posible.
Creemos que un futuro cada vez más cercano y, sobre todo bajo las actuales circunstancias de la crisis económica, serán los propios clientes y consumidores quienes demanden cada vez más a las organizaciones una transparencia en sus planes estratégicos, y creemos igualmente, que esa demanda conducirá necesariamente a la creación de estrategias cada vez más responsables.
El ser consciente cada vez más de la fuerza que tenemos como clientes y consumidores, nos va a mover a presionar a muchas organizaciones a ese cambio, a dar un giro cada vez más sincero y necesario y que tienda a crear una sociedad más acorde, más justa, con más esperanza de futuro y sobre todo, más a la medida de las verdaderas necesidades de los cuidadanos.
Cada vez más, creemos que nos estamos aproximando a una sociedad, en donde la reputación va a pesar cada vez más a la hora de estar y desarrollarse en un mercado. Dentro de poco, no se va a guardar fidelidad a las marcas ni a los eslóganes, se va a guardar fidelidad a los valores y a las empresas que los representan. De ahí que dichas organizaciones, de igual manera que realizan márketing de productos y servicios, van a tener que realizar márketing de valores y de principios.
De una manera o de otra, la guerra de precios entre todos los productos indiferenciados y que terminará por estallar, va a tener que abrir paso a un nuevo tipo de competencia, una competencia más basada en todo un valor añadido del producto, de forma que el consumidor se identifique con unos valores y unos principios que van parejos a cada acto de compra.
Pero más allá de este hecho y del márketing social que pueden hacer las empresas, está el puro valor competitivo que pueden tener y está sobre todo, la manera en que van a hacer compatible ese márketing social de valores y principios con el servicio que prometen dar a sus clientes. Es decir, la tendencia en un futuro cada vez más cercano, está en asociar y compatibilizar calidad y servicios con valores y principios, asociados en un mismo conjunto de relaciones con los clientes y los mercados.
Por darlo un nombre, podríamos denominarlo "estrategia responsable", aunque este concepto que exponemos, va mucho más allá del puro márketing que exponemos en el párrafo anterior. Este nuevo concepto que defendemos va encaminado a reconocer que sin una viabilidad de responsabilidad es imposible el proyecto empresarial, porque sin esa viabilidad, no va a poder competir en el entorno en donde tiene que hacerlo.
Se trataría de una viabilidad de responsabilidad exactamente igual que existen las viabilidades comerciales, económicas y financieras, y que no sólo quiere dar a conocer la empresa y fidelizar a los clientes, la estrategia responsable trata de crear nuevos valores añadidos a toda la sinergia del sistema empresarial porque, sin esa nueva capacidad para competir, sin ese nuevo espacio que la viabilidad de responsabilidad puede abrir a toda la organización, no tendría mucho sentido porque no sería ni comercial ni financieramente posible.
Creemos que un futuro cada vez más cercano y, sobre todo bajo las actuales circunstancias de la crisis económica, serán los propios clientes y consumidores quienes demanden cada vez más a las organizaciones una transparencia en sus planes estratégicos, y creemos igualmente, que esa demanda conducirá necesariamente a la creación de estrategias cada vez más responsables.
El ser consciente cada vez más de la fuerza que tenemos como clientes y consumidores, nos va a mover a presionar a muchas organizaciones a ese cambio, a dar un giro cada vez más sincero y necesario y que tienda a crear una sociedad más acorde, más justa, con más esperanza de futuro y sobre todo, más a la medida de las verdaderas necesidades de los cuidadanos.
sábado, 5 de junio de 2010
La gestión de la imaginación
La visión que cada uno tiene de lo que será el futuro es, la mayor parte de las veces, un sumatorio de todos nuestros miedos e ilusiones, ya que ahí proyectamos tanto la realización de nuestras necesidades como la de nuestras inseguridades.
En esta página que os pongo (Gapminder) podéis ver como un uso curioso del software y de las matemáticas permite ver que el futuro no va a ser como la mayor parte de las noticias nos anuncian que será y que por lo tanto, va a tener más de hacer realidad bastantes de nuestras necesidades antes que vernos limitados por nuestras frustraciones.
En esta entrevista, podéis ver aparte de un uso de este software, una exposición clara y sencilla de porqué la imaginación de las personas y de los colectivos es completamente necesaria para crecer y desarrollarse.
Con la imaginación, las personas somos capaces de ver más allá de nosotras mismas, de trascender nuestra propia realidad y superarla. De ver soluciones en donde otros sólo ven problemas.
La imaginación es una forma más relacionarnos entre nosotros, evita que caigamos en la rutina y en la frustración, ayudándonos a pensar de una forma diferente y creativa. Nos diferencia del resto de los animales porque nos ayuda a cambiar y a evolucionar sin necesidad de tener que aprender de la experiencia.
En la educación de las personas, se debería tener en cuenta que hay que dejar un tiempo y un lugar reservado para su desarrollo, por que sirve para proyectarnos por encima de las circunstancias que nos rodean y que, muchas veces, nos limitan demasiado.
Y la importancia viene porque en un estudio prospectivo del tipo que sea y en donde no se pueden trabajar con datos, si no con tendencias y opiniones, siempre se tiene en cuenta la presencia de una serie de soluciones abiertas o escenarios que no sabemos si tendrán lugar, pero con los que tendremos que trabajar como hipótesis para buscar las implicaciones que pueden tener en el momento presente.
Es decir, que según la imagen que tengamos de nuestra imaginación, así seremos más o menos proactivos ante nuestro futuro, ya que así ayudaremos a construirlo. Y esto es importante porque puede llegar a condicionar de la mejor forma posible nuestra vida del presente.
No podemos dejar de pensar que la inteligencia, con sus capacidades de análisis y de síntesis, vaya a poder resolvernos todos los problemas, puesto que casi todos ellos tienen una parte emocional. En cambio, la imaginación, si que puede llegar a donde la inteligencia no llega, y mucho más en los términos de colectividad y liderazgo que estamos exponiendo en este blog y que es adonde queremos llegar, al terreno más práctico de la gestión de las organizaciones.
La imaginación política, y lo hemos escrito bien y por ello lo repetimos, la imaginación política es también un derecho de los equipos de trabajo, que debería ser desarrollado mediante técnicas de creatividad, apoyadas por la Dirección, para poder dotar de nuevos sentidos a todo cuanto se realiza a nivel organizativo.
El problema es que el poder habitual suele matar la imaginación colectiva de los equipos de trabajo, sin darse cuenta de que en la creatividad bien alineada, tiene una de las fuentes más notables de ventajas competitivas, por que o bien no lo ve útil, o bien le produce temor. Y en esto volvemos a lo que ya hemos dicho varias veces: el poder cuanto se reparte o se comparte, disminuye; en cambio, el conocimiento y la imaginación, cuando se comparten, aumentan.
Por eso, estamos convencidos de que la inteligencia política tiene que aprender a gestionar la imaginación, de la misma forma que tiene que aprender a gestionar el conocimiento y todo aquello que siga la ley de que al compartirlo, aumenta. Por la sencilla razón de que si no nunca podrá optimizar los recursos y capacidades de las organizaciones que están bajo su responsabilidad. Y esto les tiene que quedar absolutamente claro tanto a los dirigentes como a todos los trabajadores de todas las organizaciones que aspiren a subsistir a lo largo de un tiempo, puesto que todos tienen su parte de responsabilidad en la construcción del futuro, ya que sólo así podrán optimizar sus actuaciones.
Ya que no sólo el desarrollo, si no también el futuro que deseamos, va a estar en función de cómo nosotros y todas las organizaciones en general, sepamos como gestionar y desarrollar nuestra imaginación.
Es un desafío demasiado serio como para no querer afrontarlo.
En esta página que os pongo (Gapminder) podéis ver como un uso curioso del software y de las matemáticas permite ver que el futuro no va a ser como la mayor parte de las noticias nos anuncian que será y que por lo tanto, va a tener más de hacer realidad bastantes de nuestras necesidades antes que vernos limitados por nuestras frustraciones.
En esta entrevista, podéis ver aparte de un uso de este software, una exposición clara y sencilla de porqué la imaginación de las personas y de los colectivos es completamente necesaria para crecer y desarrollarse.
Con la imaginación, las personas somos capaces de ver más allá de nosotras mismas, de trascender nuestra propia realidad y superarla. De ver soluciones en donde otros sólo ven problemas.
La imaginación es una forma más relacionarnos entre nosotros, evita que caigamos en la rutina y en la frustración, ayudándonos a pensar de una forma diferente y creativa. Nos diferencia del resto de los animales porque nos ayuda a cambiar y a evolucionar sin necesidad de tener que aprender de la experiencia.
En la educación de las personas, se debería tener en cuenta que hay que dejar un tiempo y un lugar reservado para su desarrollo, por que sirve para proyectarnos por encima de las circunstancias que nos rodean y que, muchas veces, nos limitan demasiado.
Y la importancia viene porque en un estudio prospectivo del tipo que sea y en donde no se pueden trabajar con datos, si no con tendencias y opiniones, siempre se tiene en cuenta la presencia de una serie de soluciones abiertas o escenarios que no sabemos si tendrán lugar, pero con los que tendremos que trabajar como hipótesis para buscar las implicaciones que pueden tener en el momento presente.
Es decir, que según la imagen que tengamos de nuestra imaginación, así seremos más o menos proactivos ante nuestro futuro, ya que así ayudaremos a construirlo. Y esto es importante porque puede llegar a condicionar de la mejor forma posible nuestra vida del presente.
No podemos dejar de pensar que la inteligencia, con sus capacidades de análisis y de síntesis, vaya a poder resolvernos todos los problemas, puesto que casi todos ellos tienen una parte emocional. En cambio, la imaginación, si que puede llegar a donde la inteligencia no llega, y mucho más en los términos de colectividad y liderazgo que estamos exponiendo en este blog y que es adonde queremos llegar, al terreno más práctico de la gestión de las organizaciones.
La imaginación política, y lo hemos escrito bien y por ello lo repetimos, la imaginación política es también un derecho de los equipos de trabajo, que debería ser desarrollado mediante técnicas de creatividad, apoyadas por la Dirección, para poder dotar de nuevos sentidos a todo cuanto se realiza a nivel organizativo.
El problema es que el poder habitual suele matar la imaginación colectiva de los equipos de trabajo, sin darse cuenta de que en la creatividad bien alineada, tiene una de las fuentes más notables de ventajas competitivas, por que o bien no lo ve útil, o bien le produce temor. Y en esto volvemos a lo que ya hemos dicho varias veces: el poder cuanto se reparte o se comparte, disminuye; en cambio, el conocimiento y la imaginación, cuando se comparten, aumentan.
Por eso, estamos convencidos de que la inteligencia política tiene que aprender a gestionar la imaginación, de la misma forma que tiene que aprender a gestionar el conocimiento y todo aquello que siga la ley de que al compartirlo, aumenta. Por la sencilla razón de que si no nunca podrá optimizar los recursos y capacidades de las organizaciones que están bajo su responsabilidad. Y esto les tiene que quedar absolutamente claro tanto a los dirigentes como a todos los trabajadores de todas las organizaciones que aspiren a subsistir a lo largo de un tiempo, puesto que todos tienen su parte de responsabilidad en la construcción del futuro, ya que sólo así podrán optimizar sus actuaciones.
Ya que no sólo el desarrollo, si no también el futuro que deseamos, va a estar en función de cómo nosotros y todas las organizaciones en general, sepamos como gestionar y desarrollar nuestra imaginación.
Es un desafío demasiado serio como para no querer afrontarlo.
Cómo venden otros la Inteligencia Política
Siempre me ha hecho gracia la manera en que muchas personas intentan crear una marca de productos que en si no tienen mucho contenido. Es lo que siempre se ha llamado "envoltorios vacíos" o popularmente "fantasmadas", porque al levantar "la sábana" uno se da cuenta de que debajo de "eso" no hay nada y que era absurdo tenerlo respeto y miedo.
Navegando por la red me he encontrado esta empresa tan original, que se denomina a si misma (la traducción es mía) como "la academia de la inteligencia política" y que muestra en su página web estos casos de estudios tan curiosos en los que las empresas que los contraten pueden solucionar problemas tan "complicados".
Francamente, a uno se le viene a la cabeza la vieja paradoja de Oscar Wilde de que "Jamás somos más sinceros que cuando nos engañamos", porque no se puede por menos calificar de esta manera, lo que hacen algunas personas y organizaciones a la hora de contratar consultores de esta "calidad", porque... Vayamos por partes:
En primer lugar, la Inteligencia Política no es un curso de autoayuda, ni un manual de "usted también puede conseguirlo", ni a nivel personal ni a nivel de equipos y colectivos de trabajo. Es una capacidad para saber utilizar todos los elementos, proyectos y capacidades de una organización para conseguir éxitos colectivos, y de lo que estamos convencidos es que esa capacidad es más colectiva que individual. Aunque tengo que reconocer, que dentro del mercado de las "autoayudas", es un concepto diferenciador del resto de productos y servicios que se ofrecen.
En segundo lugar, no se trata de "adaptar a los inadaptados" por cuestiones de justicia social, se trata de conseguir objetivos utilizando a veces el poder, otras la razón, otras el liderazgo, eso si sobre una base de valores éticos comunes, pero no con el interés de crear "casas comunes" para que todos vivan en ellas, si no para conseguir éxitos colectivos mediante hacer realidad las visiones compartidas y las aspiraciones de todos.
En tercer lugar, se puede observar la "calidad" de los servicios que ofrecen en este curioso test para ver cómo es la política de "tu organización" en donde no se cita ni una sola palabra sobre conceptos tan básicos y elementales en inteligencia política como son: el proceso de formación de estrategias, el alineamiento organizativo con ella, la sincronía con el Capital Intelectual, el liderazgo más adecuado para la organización dada la estrategia, el ejercicio del mando alineado con todas ellas y la auditoría de los resultados para ir mejorando y aprendiendo. Imagino que por lo visto, estos temas son lo suficientemente profundos como para poder abordarlos, o a lo mejor, y no quiero ser malpensado, es que los temas que si que se abordan son los cómodos para el poder establecido, que es al fin y al cabo, el que paga las facturas de los consultores.
En cuarto lugar, el término "Political Intelligence" figura como una marca registrada con su correspondiente "TM" como se puede ver en numerosos sitios de esta web, lo cual me hace aún más gracia por la manera en que una marca, que en teoría está para diferenciar un producto del de la competencia, se intenta adueñar de todo un concepto para cerrar en si todo el debate que pudiera haber a su alrededor. Yo supongo que las leyes de la Propiedad Intelectual del Reino Unido y sus tribunales no actuarán contundente contra cualquier profesor que honradamente pretenda enseñar inteligencia política y nombre a sus conocimientos como se lo permite el diccionario tal y como le ampara su libertad de expresión. ¿Se imagina que alguien registrara como marca los términos "matemáticas" "estadística" "crecimiento" o "ventas"?. ¿Qué sentido tiene entonces la ley de Propiedad Intelectual? ¿Reducir el número de palabras del diccionario que se puede utilizar sin problemas?.
Me parece que es la manera perfecta de cerrar el universo del debate y del discurso, porque, y cito definiciones básicas, si la política es el arte de gobernar colectivos y la inteligencia es la capacidad para resolver problemas logrando éxitos y sin cometer errores, el término "inteligencia política" sería la capacidad de gobernar colectivos logrando éxitos y cometiendo los menores errores posibles, término perfectamente claro, y que cualquier persona puede entender y utilizar. Entonces... ¿Por qué protegerlo como si fuera una marca?. ¿Cómo se procedería contra cualquier persona que escribiera en su blog, una definición diferente, como es mi caso?. ¿Argumentarán que me estoy aprovechando de su reputación para vender mi producto, pirateando su marca?.
En fín, ya lo decía el viejo libro bíblico del Eclesiastés, en relación a quienes admiran a estos simpáticos "consultores", y esto es algo que muchos han denominado como el "Teorema fundamental de la estadística": Sin lugar a dudas: "El número de tontos es infinito".
Navegando por la red me he encontrado esta empresa tan original, que se denomina a si misma (la traducción es mía) como "la academia de la inteligencia política" y que muestra en su página web estos casos de estudios tan curiosos en los que las empresas que los contraten pueden solucionar problemas tan "complicados".
Francamente, a uno se le viene a la cabeza la vieja paradoja de Oscar Wilde de que "Jamás somos más sinceros que cuando nos engañamos", porque no se puede por menos calificar de esta manera, lo que hacen algunas personas y organizaciones a la hora de contratar consultores de esta "calidad", porque... Vayamos por partes:
En primer lugar, la Inteligencia Política no es un curso de autoayuda, ni un manual de "usted también puede conseguirlo", ni a nivel personal ni a nivel de equipos y colectivos de trabajo. Es una capacidad para saber utilizar todos los elementos, proyectos y capacidades de una organización para conseguir éxitos colectivos, y de lo que estamos convencidos es que esa capacidad es más colectiva que individual. Aunque tengo que reconocer, que dentro del mercado de las "autoayudas", es un concepto diferenciador del resto de productos y servicios que se ofrecen.
En segundo lugar, no se trata de "adaptar a los inadaptados" por cuestiones de justicia social, se trata de conseguir objetivos utilizando a veces el poder, otras la razón, otras el liderazgo, eso si sobre una base de valores éticos comunes, pero no con el interés de crear "casas comunes" para que todos vivan en ellas, si no para conseguir éxitos colectivos mediante hacer realidad las visiones compartidas y las aspiraciones de todos.
En tercer lugar, se puede observar la "calidad" de los servicios que ofrecen en este curioso test para ver cómo es la política de "tu organización" en donde no se cita ni una sola palabra sobre conceptos tan básicos y elementales en inteligencia política como son: el proceso de formación de estrategias, el alineamiento organizativo con ella, la sincronía con el Capital Intelectual, el liderazgo más adecuado para la organización dada la estrategia, el ejercicio del mando alineado con todas ellas y la auditoría de los resultados para ir mejorando y aprendiendo. Imagino que por lo visto, estos temas son lo suficientemente profundos como para poder abordarlos, o a lo mejor, y no quiero ser malpensado, es que los temas que si que se abordan son los cómodos para el poder establecido, que es al fin y al cabo, el que paga las facturas de los consultores.
En cuarto lugar, el término "Political Intelligence" figura como una marca registrada con su correspondiente "TM" como se puede ver en numerosos sitios de esta web, lo cual me hace aún más gracia por la manera en que una marca, que en teoría está para diferenciar un producto del de la competencia, se intenta adueñar de todo un concepto para cerrar en si todo el debate que pudiera haber a su alrededor. Yo supongo que las leyes de la Propiedad Intelectual del Reino Unido y sus tribunales no actuarán contundente contra cualquier profesor que honradamente pretenda enseñar inteligencia política y nombre a sus conocimientos como se lo permite el diccionario tal y como le ampara su libertad de expresión. ¿Se imagina que alguien registrara como marca los términos "matemáticas" "estadística" "crecimiento" o "ventas"?. ¿Qué sentido tiene entonces la ley de Propiedad Intelectual? ¿Reducir el número de palabras del diccionario que se puede utilizar sin problemas?.
Me parece que es la manera perfecta de cerrar el universo del debate y del discurso, porque, y cito definiciones básicas, si la política es el arte de gobernar colectivos y la inteligencia es la capacidad para resolver problemas logrando éxitos y sin cometer errores, el término "inteligencia política" sería la capacidad de gobernar colectivos logrando éxitos y cometiendo los menores errores posibles, término perfectamente claro, y que cualquier persona puede entender y utilizar. Entonces... ¿Por qué protegerlo como si fuera una marca?. ¿Cómo se procedería contra cualquier persona que escribiera en su blog, una definición diferente, como es mi caso?. ¿Argumentarán que me estoy aprovechando de su reputación para vender mi producto, pirateando su marca?.
En fín, ya lo decía el viejo libro bíblico del Eclesiastés, en relación a quienes admiran a estos simpáticos "consultores", y esto es algo que muchos han denominado como el "Teorema fundamental de la estadística": Sin lugar a dudas: "El número de tontos es infinito".
martes, 1 de junio de 2010
La simplificación de los controles
Una de las principales razones de porqué los controles financieros son los más universales, es por la facilidad que tienen para ser monitorizados por cualquier ejecutivo, sea de la inteligencia que sea.
Los controles financieros más habituales: ventas, costes y beneficios, son fáciles de entender, transparentes, claros, de universal definición y ponen en evidencia lo que al final se desea obtener: un crecimiento en los dividendos que se pagan a los accionistas. Prácticamente a cualquier persona a la que nombren Director General de una empresa, le entran rápidamente en la cabeza. Constituyen y, de hecho así le aconsejan, el no preocuparse por más problemas que los realmente importantes.
Forman el famoso eslogan americano "Show me the money" porque constituyen en si la verdadera realidad de lo que hay detrás de gobernar una empresa a base de eslóganes.
Ya hemos visto en otro post, lo que significa dirigir una empresa según ideologías y las consecuencia que tiene, sólo que esto realmente es aún más simple y trivial: es gestionar según lugares comunes,, frases con un significado rimbombante, en un palabra: es gestionar y dirigir a ritmo de tambor. Y de ahí que, de hecho, esté al alcance de cualquiera.
Ante esa forma de dirección que desde luego supone que, las ventajas competitivas son eternas y que los desarrollos estratégicos se consiguen reduciendo costes y presionando a las personas para que rindan más, se tiene que oponer, y de hecho se opone, la lógica y el raciocinio humano. Una lógica que debería empezar por los Consejos de Administración y los mismos accionistas quienes deberían ser conscientes de lo que realmente hacen algunos ejecutivos con sus inversiones: simplificar los mecanismos por los que las controlan, con una miopía muy cortoplacista, para colocarlos a "la altura de su inteligencia".
Unos verdaderos mecanismos de control que deberían investigar todas las causas y circunstancias que concurren sobre un determinando hecho, para poder tomar las medidas adecuadas que solucionen los problemas. De hecho, dirigir y gestionar, supone más corregir, dar el giro y rectificar, que insistir en una medida cuando ya se sabe que no es la solución de un problema. Y para eso, naturalmente que hace falta controlar, para saber dirigir con conocimiento de causa, pero controlar más allá de lo simple y de lo trivial.
Hace falta controlar de una manera multi-dimensional y holística, para saber en qué puntos, la organización no está rindiendo todo lo que se espera de ella y, por la razón que sea, hay que rectificar para mejorar.
Pero claro, eso exige conocimiento, preparación y trabajo, exige "ensuciarse las manos" con los problemas, exige conocer todos los efectos secundarios no deseados de las posibles medidas a tomar y, por supuesto, exige la valentía y el coraje necesario para hacerlas frente.
De ahí que, antes de complicarse la vida con problemas complejas, muchos ejecutivos opten por simplificar y por imponer y juzgar la labor de las personas y de los equipos de trabajo, en base a lo único que son capaces de entender y de afrontar.
No se dan cuenta, de que simplificar los controles, supone también simplificar todas las capacidades intelectuales de una empresa, y eso a la larga se paga.
Las ventajas competitivas no son eternas. De hecho los controles ayudan a desarrollar la fantasía, la innovación y la inteligencia de las personas y de los equipos de trabajo.
Aunque no hace falta mucha imaginación para darse cuenta que una inteligencia política realmente ágil, valiente y preparada es la mejor forma de prepararse para la lucha.
Los controles financieros más habituales: ventas, costes y beneficios, son fáciles de entender, transparentes, claros, de universal definición y ponen en evidencia lo que al final se desea obtener: un crecimiento en los dividendos que se pagan a los accionistas. Prácticamente a cualquier persona a la que nombren Director General de una empresa, le entran rápidamente en la cabeza. Constituyen y, de hecho así le aconsejan, el no preocuparse por más problemas que los realmente importantes.
Forman el famoso eslogan americano "Show me the money" porque constituyen en si la verdadera realidad de lo que hay detrás de gobernar una empresa a base de eslóganes.
Ya hemos visto en otro post, lo que significa dirigir una empresa según ideologías y las consecuencia que tiene, sólo que esto realmente es aún más simple y trivial: es gestionar según lugares comunes,, frases con un significado rimbombante, en un palabra: es gestionar y dirigir a ritmo de tambor. Y de ahí que, de hecho, esté al alcance de cualquiera.
Ante esa forma de dirección que desde luego supone que, las ventajas competitivas son eternas y que los desarrollos estratégicos se consiguen reduciendo costes y presionando a las personas para que rindan más, se tiene que oponer, y de hecho se opone, la lógica y el raciocinio humano. Una lógica que debería empezar por los Consejos de Administración y los mismos accionistas quienes deberían ser conscientes de lo que realmente hacen algunos ejecutivos con sus inversiones: simplificar los mecanismos por los que las controlan, con una miopía muy cortoplacista, para colocarlos a "la altura de su inteligencia".
Unos verdaderos mecanismos de control que deberían investigar todas las causas y circunstancias que concurren sobre un determinando hecho, para poder tomar las medidas adecuadas que solucionen los problemas. De hecho, dirigir y gestionar, supone más corregir, dar el giro y rectificar, que insistir en una medida cuando ya se sabe que no es la solución de un problema. Y para eso, naturalmente que hace falta controlar, para saber dirigir con conocimiento de causa, pero controlar más allá de lo simple y de lo trivial.
Hace falta controlar de una manera multi-dimensional y holística, para saber en qué puntos, la organización no está rindiendo todo lo que se espera de ella y, por la razón que sea, hay que rectificar para mejorar.
Pero claro, eso exige conocimiento, preparación y trabajo, exige "ensuciarse las manos" con los problemas, exige conocer todos los efectos secundarios no deseados de las posibles medidas a tomar y, por supuesto, exige la valentía y el coraje necesario para hacerlas frente.
De ahí que, antes de complicarse la vida con problemas complejas, muchos ejecutivos opten por simplificar y por imponer y juzgar la labor de las personas y de los equipos de trabajo, en base a lo único que son capaces de entender y de afrontar.
No se dan cuenta, de que simplificar los controles, supone también simplificar todas las capacidades intelectuales de una empresa, y eso a la larga se paga.
Las ventajas competitivas no son eternas. De hecho los controles ayudan a desarrollar la fantasía, la innovación y la inteligencia de las personas y de los equipos de trabajo.
Aunque no hace falta mucha imaginación para darse cuenta que una inteligencia política realmente ágil, valiente y preparada es la mejor forma de prepararse para la lucha.
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