Hemos oído hablar mucho de las nuevas tecnologías relacionándolas casi siempre con la web 2.0 o con la web semántica también llamada 3.0. y de un modo u otro nos imaginamos cómo cambiarán nuestra vida en el futuro. Pero de lo que no nos damos cuenta es que los cambios más profundos no van a venir por los bits de Internet, si no por la transformación de otro tipo de materia: la materia orgánica y la inorgánica, es decir, las células con su ADN y las moléculas.
Esto no es ciencia ficción, puesto que todos hemos oído hablar tanto de la bio como de la nanotecnología, y de la manera en que se está transformando cualquier tipo de materia. Y no es ése el motivo de este post, si no que estoy preocupado por el efecto que eso puede causar en las organizaciones tanto en su forma de dirigirlas internamente como en su forma de competir entre ellas.
La primera pregunta es de qué forma todas nuestras estructuras y nuestras organizaciones van a poder adaptarse a los cambios que van a traer toda la transformación de principio a fin de la materia orgánica y de la inorgánica.
Lo que yo creo es que la situación se va a polarizar las organizaciones hacia dos frentes cada vez más claros: uno de ellos se encontrará en el I+D, muy cercano a los laboratorios, creando productos; el otro en el factor márketing, muy cercano al cliente, creando ingresos; y el resto de las funciones, al menos ésa es mi opinión, pasarán a estar cada vez más automatizadas y con menos personal.
Eso significa más virtualidad, más conocimiento complejo para ser gestionado, más rapidez y discontinuidad en los cambios y, sobre todo, más dificultad para definir una estrategia persistente en el tiempo.
De ahí viene la conclusión a la que quiero llegar: el efecto más importante del cambio tecnológico es que las personas y las organizaciones van a competir sólo por su reacción y su visión ante el futuro, por su capacidad para crear estrategias ante cambios complejos y constantes, ante innovaciones disruptivas. El reto está en que el proyecto de futuro siga vivo y latente, que las visiones compartidas se enriquezcan y que haya cada vez más conocimiento compartido, más voluntad colectiva de triunfo, es decir, causas más importantes en las que creer y que hacer realidad.
La segunda pregunta y la verdadera importante es cuál va a ser el verdadero cambio ante el que vamos a tener que reaccionar.
Creo que se habla muy poco del efecto positivo e intangible en las organizaciones, en donde gran parte del personal ejecutivo incompetente, no va a poder sobrevivir a razones que no puede comprender; y éstas no están en la transformación bio-nano-cogno-tecnológica de todo tipo de materia. Muy pronto será evidente que una organización sin un visión clara, no va a tener nunca una mentalidad colectiva de resistencia al fracaso y de deseo de superación.
Y en eso la inteligencia política, va a tener mucho que decir.
Sin ser futurólogos, podemos afirmar que habrá muchos estudios de prospectiva que lo confirmen.
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