Partiendo de la clara premisa de que el futuro no está escrito, de que el determinismo no existe y que somos nosotros mismos los que lo provocamos con nuestras acciones, tenemos que tener muy claro que cada vez más, si queremos tener una oportunidad o una ventaja competitiva, vamos a tener que apostar por tendencias emergentes, por patrones recién aparecidos, por trabajos e ideas que acaban de nacer y a las que nosotros mismos tenemos que ayudar a desarrollarlas.
Creo que tenemos una responsabilidad con el futuro y que sólo siendo inconformistas, pero rigurosos y consistentes en nuestro método de elaboración del conocimiento, podemos llegar a cumplirla.
En este blog hemos apostado por la inteligencia política, por la estrategia consistente y coherente, por realizar una auditoría amplia de todo un programa a cumplir como forma de detección de los errores y de elaboración del conocimiento. Pero también hemos apostado por la prospectiva como método de trabajo científico que es.
Personalmente creo que la mayor parte de los errores que se cometen en gestión es por falta de una verdadera altura intelectual de miras, una cobardía al cambio, un rechazar lo complejo como fuente de problemas y un querer, sobre todo, construir una organización a imagen y semejanza de una visiones no maduradas interiormente, ni proyectadas en los equipos de trabajo, ni contrastadas con datos dignos de crédito. En una palabra, los errores se comenten por inmadurez.
No sé la tendencia que puede tener esto en el futuro, si dentro de algunos años, las organizaciones en un entorno tecnológicamente mucho más avanzado que el actual, seguirán los mismos parámetros para elegir a los mismos ejecutivos inmaduros y seguirán dando a la estrategia y a la responsabilidad social, la poca importancia que la dan ahora, cuando la considerar sólo una mensaje más a comunicar.
Puede que cambie, pero también puede que no.
Lo que tenemos que tener muy claro es que sin credibilidad en nuestro mensaje, sin rigor en nuestro trabajo, sin explicaciones coherentes y consistentes, no conseguiremos cambiar el futuro y, por lo tanto, las fuerzas de la inercia prevalecerán sobre las fuerzas del cambio.
La inteligencia política por la que abogamos es la inteligencia emocional de las organizaciones, es una manera de ser que se manifiesta en la gestión de una serie de recursos con el objetivo de optimizar la aplicación de una estrategia y de lograr una visión colectiva. Tiene que emerger de un equipo de trabajo que quiera conseguir nuevas metas y derribar barreras.
Tiene que manifestarse a través de la personas por medio de cultivar la duda, la mejora, por medio de cuestionar los lugares comunes, y sobre todo, por medio de vivir cómo colectivamente los equipos de trabajo y las organizaciones, también consiguen victorias innovando, creando nuevos espacios de debate, de competición y de diálogo, en donde antes no existía nada.
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