Para mi se trata de uno de los fundamentos básicos de la inteligencia política: saber cómo relacionarse y cómo proyectar a la organización más allá de si misma.
Es una dimensión tan importante que debe marcar continuamente el desarrollo de las competencias de muchas personas de la organización. No olvidemos que como se suele decir en los cursos de formación de vendedores: "la venta es una consecuencia, no una causa, de una buena relación con el cliente".
Unas relaciones adecuadas pueden servir para que la organización ponga muchas veces los pies en el suelo y sepa qué imagen realista debe tener de si misma. Pueden también servir para realizar alianzas estratégicas que desarrollen nuevas oportunidades comerciales pero, sobre todo, debe servir para desarrollar internamente la capacidad de innovación que tenga nuestra empresa.
Innovar es crear e imaginar un tipo nuevo de futuro, y eso puede desarrollarse en función de cómo estemos relacionados y de como podamos superar nuestras limitaciones internas, que siempre existen.
Una inteligencia política adecuada potencia las relaciones estratégicas para conseguir tener una organización más competente en todas y cada una de sus capacidades; adapta la estrategia a las relaciones y viceversa, porque sabe que todo está relacionado internamente y debe tener una concepción sistémica de la empresa.
Las organizaciones no sólo se relacionan para hacer lobby, se relacionan, igual que las personas, para ser superarse y ser mejores de lo que son.
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